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La ONU asegura que está dispuesta a negociar con el mariscal Hafter

8 ene 2017
19h36
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La ONU está dispuesta a aceptar cambios en el acuerdo de paz que impuso en 2015 a las partes libias en conflicto e incluso a negociar con el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del este de Libia, aseguró hoy su enviado especial, Martin Kobler.

En declaraciones a los periodistas tras una visita a Trípoli, el diplomático insistió en que la prioridad ahora del organismo internacional" es llegar a una solución rápida" tanto en el plano político como en el económico.

A este respecto, Kobler reveló que para facilitar ese acuerdo se le preguntó a las partes implicadas hace unos meses si creían que eran necesarias modificaciones en el acuerdo impuesto en la ciudad marroquí de Skhirat.

"Vamos apoyar el proceso político en este sentido. No vamos intervenir en el contenido del acuerdo, pero apoyaremos ese proceso desde el punto de vista operativo. El acuerdo político es libio y el consenso sobre algunas de las enmiendas es responsabilidad de las partes libias", precisó.

"2017 debe ser el año de decisiones y acciones para el pueblo libio. La prioridad en ese año es poner los intereses del pueblo libio por encima de todas otras cosas y proporcionar todos los servicios a las personas. Tiene que haber un progreso real en la política, la seguridad".

Al hilo de este argumento, el diplomático se dijo " convencido de que el pueblo libio es capaz de tomar todas las decisiones que permitan lograr la paz y mejorar su vida.

"Libia es un país rico y hay que utilizar el material que posee por el bien de las personas y soy optimista sobre progresos a este respecto", declaró Kobler antes de revelar que se reunirá en los próximos días con la dirección del Banco Central para buscar una solución a la falta de dinero en efectivo.

Por último, confirmó una nueva reunión de representantes libios la próxima semana en El Cairo y reiteró el apoyo de la ONU al gobierno de unidad en Trípoli, aunque este aún carece de legitimidad.

Víctima del caos y la guerra civil desde que en 2011 cayera la dictadura de Muamar al Gadafi, Libia tiene hoy dos gobiernos, ninguno de los cuales tiene plena legitimidad aunque ambos la reclamen.

El que está en Tobruk, apoyado por Rusia y Egipto, salió de los comicios de 2014, fue entonces reconocido por la comunidad internacional y aún hoy es el que ostenta la representatividad del país ante distintas instituciones, aunque su mandato expiró hace año y medio.

Ese gobierno está ahora bajo la influencia de Hafter, un antiguo miembro de la cúpula militar que aupó al poder a Al Gadafi, y que años después, tras ser reclutado por la CIA, se convirtió en su principal opositor en el exilio.

El de Trípoli se formó en abril tras el acuerdo de paz impuesto por la ONU y seis meses después no sólo no ha logrado la legitimidad que le debe dar el Parlamento, sino que ni siquiera controla la capital.

Este último ha recibido el apoyo, sin embargo, de la mayoría de las naciones europeas, en particular de Italia, uno de los países más implicados en el conflicto libio.

De la división han sacado provecho los grupos yihadistas, que en último año han extendido su influencia en el país, pese a su reciente derrota en la ciudad de Sirte a manos de las milicias de la ciudad de Misrata, aliada del gobierno de unidad y enemiga acérrima de Hafter.

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