Yo Invertio
¿Se puede ser banco malo y transparente?
La crisis crea curiosos modelos híbridos, público y privado, y gigantescos problemas morales como éste de hoy de si se puede ser malo y transparente a la vez. La respuesta no es la medusa… no esa que provoca la molesta urticaria, sino aquella de mares lejanos que mata sólo con tocarla.
El banco malo, la Sareb, se jacta de ser una entidad privada con el bolsillo del contribuyente como principal accionista –que no mayoritario-, no vaya Bruselas a dispararnos el déficit. Hoy ha presentado un balance de sus tres primeros meses de vida lleno de medias verdades de palabras huecas. Eso sí ha anunciado un alarde de transparencia en las relaciones que mantenga con sus proveedores, con sus accionistas, con sus empleados y, por supuesto con sus compradores. Proceso de transparencia que aún precisa de aprobaciones
Cuando se les ha preguntado cuánto cobran los bancos que comercializan los pisos de la Sareb que ellos mismos les cedieron, son incapaces de dar un porcentaje: “son precios en línea con el mercado”. También se refugian en los complejo de las comisiones ya que no solo venden sino que gestionan y custodian ese patrimonio inmobiliario que no hace mucho era esos bancos nacionalizados o ayudados.
Y la confusión, o sea, lo contrario de la transparencia también se aprecia en sus respuestas sobre quién no paga las comunidades de vecinos si la dueña es la Sareb, aunque la gestión y el mandato de venta lo tengan las entidades financieras. Ni tampoco quién negocia en caso de un concurso de acreedores que inmuebles a nombre de la Sareb pero en gestión por esas entidades. En fin, demasiadas dudas, poca transparencia para un banco sea bueno o malo, público o privado.