Dice
el viejo refrán que donde no hay harina
todo es mohína y eso es lo que se está viendo ahora en el seno de los
sindicatos, sobre todo de la UGT. Esta central
apéndice del PSOE es, por supuesto, víctima de la crisis económica general
y, como cualquier empresa u organización, tiene que aplicar recortes una estructura insostenible.
A
la Unión General de Trabajadores le ha venido como anillo al dedo la iniciativa de Esperanza Aguirre en la
comunidad de Madrid, imitada por gobernantes del PP en otros lugares, de reducir las subvenciones públicas a los
sindicatos y el mantenimiento de los liberados sindicales. Los dirigentes de
esa central culpan a esos tijeretazos de
la derecha contra los sindicatos de clase el plan para despedir a 2.000 de los 4.000 empleados que tiene la UGT.
La
estructura dirigida por Cándido Méndez tiene un presupuesto anual de casi 250 millones de euros, la mayoría
procedentes de subvenciones oficiales y ayudas públicas de diferentes
administraciones. Calculan que ese presupuesto se les va a reducir a 120 millones, contando cuotas de afiliados y
beneficios de inversiones. Pero ¿qué
inversiones? No lo aclaran.
Si
un Obispado o una orden religiosa puede invertir dinero donde quiera, ¿por qué
no un sindicato? Lo curioso es que estas organizaciones mantengan en absoluta reserva su gusto por la
especulación o, al menos por la pérfida economía financiera.
De
manera que, según las previsiones de sus dirigentes, UGT aportará durante el
próximo año 2.000 nuevos individuos a la lista de parados. Y lo hará por la vía del despido o los ERE, a razón de
indemnizaciones de 30 días por año
trabajado, superior a los 20 días que fija la última reforma laboral pero muy por debajo de los 45 días que tan
insistentemente reivindica ese mismo sindicato.
¿Cuáles
son las fuentes de ingresos de UGT ajenas a las mermadas cuotas de afiliados?
Fundamentalmente, las subvenciones para
cursos de formación canalizadas a través de la Fundación IFES, que maneja
un generoso presupuesto. También la aseguradora
Atlantis, que ofrece servicios propios
de una compañía de seguros, el Instituto
Sindical de Cooperación al Desarrollo (ISCOD) financiado por aportaciones
de numerosos ayuntamientos y, finalmente, las famosas 19 Residencias de Tiempo Libre que UGT posee en otros tantos
enclaves de playa y montaña de la geografía nacional.


El calendario de manifestaciones callejeras que han de

Fernando García-Romanillos