Conmoción
nacional por la operación rescate de la banca española lanzada desde Bruselas y
el Fondo Monetario Internacional. La gran mayoría de los españoles desconocían
que la situación era tan grave que,
como dijo Rajoy, si no se rescataba el sistema financiero se tenía que haber hecho sobre España entera. Otro argumento, esta
vez del propio presidente, para que desconfiemos
de las declaraciones optimistas de los gobernantes.
Si
el sistema financiero está como está ¿cómo andará el sistema político? o, mejor
dicho, ¿cómo estarán las cuentas de los
partidos políticos?
En
un post del mes pasado me referí a la opacidad en las finanzas y en la administración
de los partidos y los sindicatos. Si un día hubiera luz y taquígrafos sobre la
gestión de esas entidades, nos llevaríamos
menos sorpresa que con los bancos pero el panorama sería tanto o más desolador.
El
Partido Socialista de Madrid (PSM), dirigido por Tomás Gómez, ha sido el
primero en cantar la gallina sobre sus cuentas. Se ha visto obligado a
pedir a la Asamblea de Madrid un
adelanto de 60.000 euros sobre la parte de subvención anual para su grupo
parlamentario que les queda por cobrar.
El
citado Gómez, que va de Invictus, de rojo y de chaconista
por la vida, no para de acertar desde
que se hizo con el mando de los socialistas madrileños. Lo último ha sido la angustiosa
petición de dinero a su enemiga
Esperanza Aguirre, que debilita aún más su posición.
Despreciado
por Rubalcaba por conspirar en su contra dentro del partido y vapuleado dialécticamente por Esperanza
Aguirre, Gómez es vivo ejemplo de cómo manejan los partidos políticos el dinero
público que reciben.
El
presidente de los socialistas madrileños
Que
el PSM solicite un rescate a una Asamblea regional dominada mayoritariamente por
el PP, es consecuencia de la nociva gestión económica de quienes gastan con pólvora del rey. El partido
de Gómez recibe algo más de un millón de
euros anuales de subvenciones
públicas, pero a semejanza de los nuevos ricos se rige por el principio de caballo grande, ande o no ande.
Así,
tiene instalada su sede en uno de los
edificios más emblemáticos y caros del centro de Madrid: en el viejo
Palacio de la Prensa, con vistas a la mismísima Plaza del Callao, donde pagan 13.000 €/mes de alquiler. Y en plena
crisis, con las primeras rebajas a las asignaciones públicas a los partidos, se le ocurrió pedir -y se lo concedieron,
que también tiene bemoles- un crédito de
1 millón de euros al Banco Popular para la campaña de las autonómicas de
mayo de 2011.
Su
batacazo electoral era tan
previsible -perdió 6 escaños- que el banco le pignoró el crédito con las asignaciones que reciba el grupo
socialista de la Asamblea de Madrid durante los años 2012 y 2013. Es decir, que esas cantidades se ingresan
directamente en una cuenta especial del Popular.
Si la crisis no perdona ni a El Corte Inglés,
menos lo va a hacer con los partidos políticos acostumbrados a financiaciones
irregulares, a trucos contables y a
administrarse con casi total impunidad, con el único control de un Tribunal de
Cuentas que, casualidades de la vida,
nunca ha encontrado una irregularidad
importante en esas organizaciones.

Fernando García-Romanillos