¿Os imagináis a Mariano Rajoy
perdiendo los nervios?
El
hombre templado, el gallego que no exterioriza
emociones, que no pierde la compostura, el que a los más afilados ataques
verbales responde con socarronería, el
presidente empeñado en transmitir seguridad… ha dado las primeras muestras de inquietud y desasosiego. Para ser más
precisos: en la cumbre mexicana del G 20 a
Rajoy se le ha visto angustiado.
Las
cámaras han dejado constancia del calvario interior que atraviesa el Jefe del
Gobierno en dos detalles de esa reunión
de líderes mundiales.
El
primero, momentos antes de comenzar la primera sesión. Mariano Rajoy, como han
recogido casi todos los telediarios y se aprecia en este vídeo, conversa con un impasible Durao Barroso, presidente
de la Comisión Europea.
El
lenguaje gestual del presidente español, los movimientos de brazos y las expresiones de la cara, demuestran que está
transmitiendo a Barroso un mensaje de desesperación,
de hartazgo. Y no hay que ser un lince para adivinar que el motivo es el
acoso financiero en torno a España.
El
otro hecho, anecdótico pero elocuente, de la extrema tensión que atraviesa un Rajoy aturdido por cada vez peores
noticias, es el retraso con el que llegó
al escenario para la foto de familia de los participantes en la cumbre del G 20.
En
apenas 10 segundos, un suspiro de tiempo, fue notorio que el presidente del
Gobierno español se incorporó tarde
al grupo que hubo de esperar su aparición. Con gesto de quien ha sido pillado en un renuncio, como se
aprecia en las fotos que acompañan estas líneas y el vídeo correspondiente, Rajoy provocó que las cabezas de los
gobernantes más poderosos del mundo se dirigieran hacia él en señal de comprensión/reprobación.
Al inquilino
de la Moncloa quizás no le agrade que se le note lo que está pasando, pero le
viene bien mostrarse como persona de
carne y hueso que se desespera,
que se cabrea, que incurre en un error de protocolo como llegar rezagado
a la foto oficial. Será mejor que no se siga esforzando en hablarnos de la
crisis con la sonrisa en la boca y en plan de triunfador, porque lo creeremos menos.











Fernando García-Romanillos