El Follonero tiene argumentos más que
suficientes para otra edición del programa Salvados
que tanto éxito alcanzó presentando unas cuantas barbaridades del gasto público
inútil. A aquellos aeropuertos y líneas de alta velocidad ruinosas y sin
sentido podría sumar el escándalo de la compañía Spanair.
Lo primero a considerar es que el cierre “abrupto“, como lo ha calificado Fomento,
de esa empresa ha llevado al paro a 2.000 empleados, hay otros 2.000 empleos
indirectos que pueden llevar igual camino y ha dejado en tierra a más de
20.000 pasajeros con los billetes pagados.
Pero lo más lacerante es lo que se esconde detrás del
caso Spanair, lleno de irregularidades e ilegalidades: el capricho del nacionalismo catalán por tener una compañía de bandera de Cataluña en pie
de igualdad con Iberia, la aerolínea
española.
Hay que situarse en la esquizofrenia política de la reforma del Estatuto de autonomía de
Cataluña de hace cuatro años, vía abierta a toda clase de ensoñaciones
nacionalistas por las que competían el PSC-PSOE,
CiU y ERC, a ver quién meaba más
lejos. Hay que situarse también en la envidia de los gobernantes catalanes
al ver que Madrid inauguraba la grandiosa
T-4 de Barajas, mientras el aeropuerto de El Prat no disponía de una
instalación semejante. Hay que situarse, por último, en el hundimiento de Spanair
tras el accidente en 2008 de su Boeing
en Madrid, con 154 muertos.
La conjunción de las dos primeras de esas
circunstancias dio lugar a que el Gobierno de Zapatero acordara dotar a Barcelona-El Prat de
instalaciones propias de un nudo de
vuelos intercontinentales. Para que la ensoñación nacional fuera completa
la Generalitat de entonces, presidida por el socialista José Montilla aliado con ERC e IU-EV, vio en la Spanair
que ya no querían sus dueños suecos la oportunidad de dotarse de una aerolínea de bandera catalana que diera
sentido a ese gran centro aeroportuario que enlazaría Cataluña con los cinco continentes.
Esa era una forma de hacer país y de colocar a Cataluña en el mundo, como
entonces decían, y siguen diciendo, los socialistas/nacionalistas del PSC y los
nacionalistas/nacionalistas de CiU. Y, manos a la obra, un grupo de empresarios
catalanes (Joan Laporta entre ellos) adquirieron Spanair a precio de saldo y en enero de 2009 la compañía pasó a
manos de una empresa pública donde la Generalitat
y el Ayuntamiento de Barcelona tienen el 85,6% del capital.
Un directivo del Barça, Ferrán Soriano, fue colocado
al frente de una aerolínea que han intentado reflotar con el resultado
de llevarla al cierre. Dos años de pérdidas millonarias y 150 millones de euros de los bolsillos de los contribuyentes echados a perder por esa irresponsable
manera de hacer país que han tenido los gobernantes autonómicos y municipales, primero del PSC y después de CiU.
Mientras a los catalanes les han estado cerrando quirófanos y reduciendo otros
servicios asistenciales, las maltrechas arcas
públicas alimentaban un falso sueño: en realidad, otra pesadilla de un
trasnochado paletismo nacionalista.
¿Y ahora qué pasará con esas instalaciones
sin aprovechar y cuyo mantenimiento sale por un porte? ¿Se rascarán el
bolsillo, o al menos reconocerán públicamente su irresponsabilidad, los José
Montilla, Artur Mas, Durán i Lleida, Saura, Carod y compañía? Ellos sí que forman una compañía de bandera beneficiada del silencio cómplice del PP catalán con una Alicia Sánchez Camacho que pasa la mano por el lomo a los de CiU.












Fernando García-Romanillos