Mientras Grecia se desangra y el resto de Europa mira de reojo y con temor, “cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”, Telecinco apuesta cada día con más fuerza por el entretenimiento y la basurilla, convencida de que así obtendrá buenos frutos en la cuenta de explotación.
Belén Esteban y Paz Padilla se llevan a matar y han tenido sonados desencuentros. Desde que esta última fue cogiendo fuste en Sálvame y se hizo fuerte como presentadora, la princesa del pueblo, que se desquicia con esta mujer, se las ha tenido que tragar dobladas y aunque pisa fuerte en el plató, Padilla le obliga a morder el polvo con frecuencia.
La última bronca ha sido de campanillas. Padilla anunciaba que Karmele Marchante marchaba a Perú para hacer las paces con un programa de aquella televisión, Amor, amor, con el que surgió hace meses un conflicto que, precisamente, inició Esteban.
Por lo bajinis , la copresentadora iba apostillando lo que decía Padilla. En un momento determinado elevó el tono de voz y cortó a la andaluza: “Los que nos han faltado al respeto son esos dos “chamaquitos“, en clara referencia a los presentadores de Amor, amor.
“No digas eso en tono despectivo“, espetó Padilla a la princesa, apuntando a un desliz racista. “Te gusta mucho poner la i en el punto“, replicó Esteban. Y colérica, soltó una retahíla de frases. “Encendiendo la llama para que yo explote, siempre igual“, “ya está bien de encender la llama“.
Padilla repetía con sorna: “Relájate, relájate“. Y Esteban dale que te pego con la llama y el encendido, hasta que la presentadora le dijo “esa es la educación que tú tienes“. Y otra vez se enzarzaron para unos cuantos minutos más.
Las peloteras entre los colaboradores ya no impresionan a la audiencia, es más, la desmotivan. Pero sirven para añadir minutos, que cuatro horas de programa son muchas horas.

Lola Canales