
No cabe en cabeza humana que cuando se está cerrando un trato o negocio delicado, en lugar de cantar las excelencias del objeto de deseo, se canten sus vicios y defectos. No cabe en cabeza humana.
Ahora bien, si esa cabeza pertenece a un español la cosa varía.
Que los señores Draghi y Rhen, presidente del Banco Central Europeo y Comisario de Asuntos Económicos de la UE, respectivamente, canten esos vicios se podría entender. El primero barre para casa, Italia, y el segundo para Alemania.
Pero que Rodrigo Rato, el todavía presidente de Bankia, de cuya entidad aún no ha dimitido, “científico” del milagro económico español con el Gobierno Aznar, envíe una carta abierta a los miembros del Consejo de Administración de Bankia exculpándose de cualquier responsabilidad y señalando que la “inyección brutal de fondos para la sociedad (…) desgraciadamente se hace a costa de fondos públicos y causando un grave perjuicio a los accionistas y al resto del sector financiero“, no es de recibo.
Rato ha cobrado 2,34 millones de euros en el año 2011 y se llevará de indemnización 1.2 millones, tras la rebaja del Gobierno a los sueldos de directivos de entidades financieras que han recibido ayudas públicas. Con esas cantidades no tiene derecho moral ni ético a abrir el pico.
Si Zapatero tildó de antipatriotas a quienes hablaban y exageraban sobre la crisis económica, ¿qué calificativo utilizaría hoy contra Rato?
España atraviesa un trance crítico, de emergencia total. La agresiva prensa británica y la estadounidense hablan de Spanic, combinación de las palabras Spain y panic. Poco importa que Angela Merkel haya querido justificar a Mariano Rajoy aludiendo a la “difícil herencia” que ha recibido, en clara referencia al castillo de naipes levantado por Zapatero. No le gustamos nada de nada.
Gran parte de Europa critica al país de los “nuevos ricos”, o sea, nosotros. 3.744 kilómetros de AVE nos convierte en el segundo país del mundo en líneas de alta velocidad, detrás de China que tiene una población treinta veces mayor. En 2010 Alemania, con una población casi el doble de España, contaba con 1.400 kilómetros.
De los 52 aeropuertos diseminados por todas las comunidades, solo 8 son rentables. Disponemos de 26 TV autonómicas para 47 millones de habitantes, Alemania sólo tiene 10.
En cuanto a autopistas y autovías tampoco vamos mal. Somos el tercer país del mundo por longitud de vías de alta capacidad. En 2007 estaban contabilizados 14.689 kilómetros, solo superados por Estados Unidos, con 350 millones de habitantes, y China.
En 2006 Alemania disponía de 152 kilómetros de autopista por millón de habitantes. En España con menos de la mitad del salario mínimo interprofesional alemán, 641 euros, había 276 kilómetros por millón de habitantes.
También es España el país europeo que cuenta con mayor número de políticos, la friolera de 445.568 cargos públicos, 300.000 más que en Alemania. Y suma y sigue.
Con estos mimbres, ¿qué cestos podemos hacer?
La irresponsabilidad de nuestros políticos, su mala planificación, la nula gestión y la mucha corrupción también nos han traído hasta aquí.
Además de quijotes, noventayochistas y donjuanes, somos más papistas que el Papa, tremendamente permisivos con los gobernantes y carecemos de capacidad autocrítica. ¿Qué esperamos?