No les queda otra si quieren reflotar el que fuera buque insignia de la cadena: renovarse o morir.
Ni el divorcio en directo de Belén Esteban, durante diez días machacaron a la audiencia con las idas y venidas del marido, bastaron para aumentar el número de espectadores, hartos ya de tanto dejá vu.
Los colaboradores habituales y sus constantes disputas ya no enganchan a los seguidores del programa y su progresiva bajada de audiencia preocupa a sus directivos. Por eso Oscar Cornejo, principal accionista de la productora de Sálvame, La Fábrica de la Tele, está visionando los programas y trata de analizar los fallos.
Por otra parte la sosería de Rosa Benito y su voz de pito, los insufribles modelitos de Raquel Bollo y su defensa a ultranza de Pantoja, los llantos y el crujir de dientes de Esteban, las salidas de pata de banco de Mila Ximénez, tocan a su fin. Solo los Kikos, Matamoros y Hernández, en una perfecta combinación de mala baba y talento, mantienen las tardes con cierto interés.
La renovación de Sálvame está al caer. Para eso van a fichar a un peso pesado del corazón, Jesús Mariñas, periodista de la cosa con más de cuarenta años de cotilleos a la espalda. Sabe todo de todos. Karmele Marchante ya no dormirá tranquila.
Junto a Mariñas es posible que se siente el polifacético Mario Vaquerizo que arrasa donde quiera que pisa con o sin Alaska. Telecinco le ha tirado los tejos aunque el líder de Nancys Rubias se está dejando querer porque dice sentirse muy a gusto en El Hormiguero.
Hace poco más de un mes publicó una polémica autobiografía, Haciendo majaradas, diciendo tonterías, donde desvela su controvertida sexualidad.


Lola Canales