“Guerra a mueerrrrte contra la cadena esa que dice que son familiares y blancos… que es que me descojono… me pone enferma, en-fer-ma“, decía Mercedes Milá el lunes pasado desde el plató de Sálvame, para anunciar que GH cambiaba al lunes, para competir con el estreno del programa de Antena 3 El Número Uno, donde es jurado uno de sus mejores amigos, Miguel Bosé.
Son tan íntimos que fue Milá quien descubrió el secreto de la paternidad de los gemelos de Bosé por medio de un vientre de alquiler.
En el jurado también figuran Sergio Dalma, David Bustamante, Ana Torroja y Natalia Jiménez, de La quinta estación. La mayoría de ellos, según han confirmado, recibieron una oferta paralela de Telecinco para colaborar en otro espacio, La Voz, que todos declinaron y cuyo estreno se ha retrasado.
Menudo cabreo el de Milá. El Número Uno se ha convertido exactamente en eso, porque ha sido el estreno más visto de todas las cadenas en los dos últimos años. En su primera gala ha alcanzado los 3,6 millones de telespectadores, un millón más que GH.
El programa que presentó Paula Vázquez, de forma impecable, arrasó también en las redes sociales, logrando 18 trending topics mundiales y 13 nacionales.
El objetivo del programa no es particularmente original, se busca la voz de oro española, pero su factura augura buena audiencia.
La selección de los concursantes es óptima, aunque mezcla profesionales de la música con novatos, la elección de las canciones muy buena, el ritmo del propio programa trepidante y sin apenas publicidad, lo que se agredece enormemente. Incluso el vestuario deja en pañales el cutrerío y la horterada de Operación Triunfo.
Con El Número Uno Antena 3 ha tirado la casa por la ventana y ha conseguido un show sin reality excelente que nada tiene que ver con OT. Está a años luz.
Los concursantes tienen a su libre disposición locales de ensayo para preparar sus temas, y en las galas se emitirán resúmenes de ese trabajo.
Este concurso musical no va a tener difícil la competencia con Gran Hermano, que es una reunión de frikis más vagos que la chaqueta de un guardia, donde todo el interés se sitúa bajo un edredón.













Lola Canales