“¡Tengo los cojones de decir que ahora abandono el plató porque me da la gana!“, espetó Aída Nízar a Jorge Javier Vázquez después de haber mantenido un fuerte encontronazo con él.
El presentador había llamado la atención a la colaboradora, un monstruo engendrado al alimón por su narcisismo y la propia telebasura, porque no callaba y pretendía ser la prota de la gala final del concurso Supervivientes.
Paolo Vasile and Cia deben tocar palmas con las orejas al tener en nómina a un personaje como esta chica, que vive obsesionada con la audiencia y no le vendría mal una cura de salud. Creyéndose una mezcla de Afrodita y Madame Curie, piensa que tiene patente de corso para hacer y decir todo lo que le viene en gana.
Y qué más quiere la audiencia que a una sabelotodo que habla con Dios, a quien todos insultan y abuchean, y a ella que le encanta porque así suben su caché y el share.
Puede que la bronca con Vázquez fuera genuina y auténtica, acostumbrados como están a jalearse unos a otros y ejercer la violencia entre sí, pero todo lo que pasa en ese plató huele a chamusquina.
Nízar habló de tú a tú al presentador estrella de Telecinco, convencida de que a sus seguidores, pocos o muchos, es lo que les gusta. Y amenazando con el índice al tiempo que echaba sapos y culebras por la boca, increpó a Vázquez y le acusó de manipular al público contra ella. “Algún día yo también manipularé al público“, le contestó. Momento desafortunado para hablar de “manipulación” cuando en las redes sociales ya se hablaba del previsible triunfo de Rosa Venenito y el consiguiente tongo.
Pero con Jorge Javier no hay quien pueda, tiene más tablas que Concha Velasco y Carmen Sevilla juntas. Metiendo el dedo en la llaga, logró sacarla de quicio y afirmó que su amistad con Sonia Monroy había hecho a esta perder el concurso. El abucheo del plató contra Aída fue unánime, y la colaboradora, fuera de quicio, optó por marcharse con gran alegría de los allí presentes que corearon con alborozo “Fuera, fuera, fuera….”.
Expulsada por dos veces de Supervivientes, Aída Nízar mantiene una relación de amor/odio con los espectadores que no quieren que les falte un pim pam pum que se revuelva. Como decía el poeta, “en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el colorr del cristal con que se mira“.
La undécima edición del reality ha sido la más vista de la historia, con un 38,8% de cuota de pantalla, 4.473.000 personas que se convirtieron en 5.870.000 en el minuto de oro a las 23,47 de la noche.
Cuando se nombró a la ganadora, a las 2,30 de la madrugada, el 70% de los espectadores, 4.169.000, veían Telecinco.










Lola Canales