El programa de Antena 3, Espejo público, y el periodista de Onda Cero, Carlos Herrera, dieron la cara por él. Este último salió al paso de las numerosas voces que acusaban al torero de conducir ebrio, señalando en su programa que tuvo acceso a los testimonios de los agentes que redactaron el atestado: a Ortega no se le pudo hacer el control de alcoholemia por la gravedad de su estado.
También se refirió a los análisis que le practicaron cuando estuvo fuera de peligro y estable: dieron negativo y confirmaban que el diestro estaba sobrio en el momento del fatal accidente que costó la vida a una persona.
Ortega quedaba así exculpado de un presunto delito de homicidio imprudente, pero eso no impedía que la familia del fallecido le pusiera una denuncia.
Ha transcurrido un mes y es ahora cuando el Instituto Nacional de Toxicología ha comunicado oficialmente a la familia de Ortega y a la del fallecido que José Ortega Cano casi triplicaba la tase de alcohol en sangre, 1,26 gramos, cuando el tope está en 0,50.
Su “conducción desordenada y anormal“, es susceptible de acusación penal por varios presuntos delitos, entre ellos el de homicidio involuntario.
Ortega Cano era, desde hace tiempo, un juguete roto. Ahora se sabe que con su mujer, Rocío Jurado, discutieron en más de una ocasión porque José se pasaba de copas.
La muerte de la más grande le sumió en una profunda depresión y él mismo reconoció que tuvo problemas con el alcohol. “Ya estando Rocío en el hospital me tenía que ir a tomar algo porque me moría de pena“. Al mismo tiempo los lazos con su familia política se agriaban, creando más de un problema.
El ex matador se dedicó a sus dos hijos adoptivos, a su finca Yerbabuena y sus negocios. No debió ser fácil para él la educación de los niños, especialmente la del chico, José Fernando. Rebelde y con mucho carácter, aseguraba a su padre que cuando cumpliera la mayoría de edad, cosa que ya ha sucedido, cogería su parte de la herencia de su madre y regresaría a su país, Colombia.
Hace poco su hermano Francisco confesaba en el programa Sálvame que José tenía serios problemas con la bebida pero no quería reconocerlo. Se le acusó de cruel y mala gente, pero tenía razón.
Minutos antes del mortal accidente en Castilblanco de los Arroyos, Ortega Cano conducía en zig-zag, invadía el carril contrario a tramos e hizo un par de adelantamientos prohibidos. Así lo denunciaron tres llamadas al 112 aquella noche, “que identifican el coche del torero” y su “presunta conducción temeraria“.















Lola Canales