“Cuando pase lo de mi agüela, que es por lo que no voy a trabajar, porque yo siempre he tenido muchos cojones, hablaré” (…) Tengo que contestar a la exclusiva (refiriéndose a la de Jesulín y Campanario en la revista ¡Hola!) y de lo que sabéis todos, de la prima que no es prima y del otro. No quiero que nadie diga que tengo miedo, porque nunca he tenido miedo a nada“. Así se despachaba en llamada telefónica al programa Sálvame Belén Esteban, que confesó estar hundida.
A pregunta de Jorge Javier, afirmó que se siente desencantada “no solo por lo de mi agüela, también más cosas“, dijo, “porque nunca voy a consentir, nunca, que se dude de la paternidad de mi hija, nunca (…) Voy a ir hasta el final porque tengo dignidad. Y si tengo que coger el bolso y marcharme, me voy“.
El presentador volvió a poner el dedo llaga, en lo que es maestro, hasta que Esteban afirmó que en las dos semanas largas que lleva sin trabajar se ha planteado muy seriamente abandonar Sálvame.
¿Quién puede dejar de trabajar cuando le conviene, los días que considere? ¿En qué empresa consienten faltar al trabajo durante tres semanas por enfermedad de la abuela?
¿Y cuáles son esas cosas que la tienen en un tris de dejar la televisión? ¿La prima lenguaraz y el amante secreto que acaban de aparecer?
Poca cosa parecen estos dos personajes para ella, que suele comerse el mundo. Lo que no traga Belén es el asunto de la parejita de Ubrique que negocian sus colaboraciones, igual que ella, con Telecinco. Ellos un pack por 600.000 euros, ella dos millones al año.
Verlos unidos en buena armonía, y poniéndola a caer de un burro le ha hecho mucha pupa, según contaba su propio representante, Toño Sanchís.
Los directivos de Sálvame son habilísimos en manejar los tiempos y los avatares de los colaboradores para incentivar a la audiencia. Así que cabe pensar que aún siendo cierto que Esteban está tocada por muy diversos motivos, esperan su regreso como siempre, por la puerta grande, con trompetas y tambores en loor de multitud.
En breve la veremos en el plató, recuperada y con ganas de guerra. Pero las energías de la princesa del pueblo ya no son las mismas. Pelear durante diez años contra molinos de viento la han dejado exhausta.

Lola Canales