Jorge Javier Vázquez no tiene normas, ni temas prohibidos, ni palabras tabú. El plató de Sálvame es un lugar sin otra ley que la audiencia, donde los que trabajan con él están expuestos a su voracidad. Es el dominador, el “dueño del cortijo”, como se denomina a sí mismo. Como tal, hace sufrir y rabiar a sus colaboradores a quienes trastea a su antojo.
Es el centro de atención, el dios Sol que todo ilumina; quien lacera a los demás, cada uno a su tiempo; quien les acosa, les insiste hasta que ofrecen aquello que busca: su intimidad, su privacidad, el modo en que se sienten a sí mismos.
Cada semana la dureza emocional de Jorge Javier aumenta, aprende a ser tirano, desafiante y cruel. Le gusta domar a sus subalternos, recuerda a cada paso quién es el que manda, afea sus conductas y resalta sus defectos hasta la saciedad.
A Karmele y a Lidia Lozano, las más débiles ante el espectador (la primera por su singularidad, sus modos y maneras, la segunda por el asunto Ylenia), les aplica con saña el método del palo y la zanahora, según se tercia, en mayor medida que al resto.
Vázquez sabe meter el dedo en la llaga, abrir heridas, provocar emociones y bajas pasiones, encizañar a unos contra otros y, llegado el caso, aplicar ungüento para poder continuar la carnicería. Le gusta la sangre. Y aumenta la audiencia.
“Me toca atajar rebeliones, así que me ven como si fuera un pequeño dictador”, dice. Un dictador, sí, de república bananera.
El otro no existe para él. Tan solo el share. Si Belén Esteban ha tenido un conflicto en casa, la persigue hasta que lo suelta. Si sabe que entre dos colaboradores hay rencillas o no se caen bien, trata de que se peguen en público. Hace llorar a Lidia, que tiene el muelle flojo, cuando considera. “Te pones muy fea”, le dice sistemáticamente.
No hace mucho Kiko Hernández y Mila Ximénez, los más enteros para soportar la presión del programa, se rebeleron contra el amo. Saltaron chispas.
Al dueño del cortijo se le va la mano a veces, lo reconoce, pero son sus gajes del oficio. Si Sálvame no respeta las vidas ajenas, quienes participan en el programa han de estar a las duras y a las maduras. Excepto él.
No permite que nadie le enmiende la plana, bien sabe los derroteros que ha de llevar Sálvame para ser líder.
“Vencerás pero no convencerás”, dijo Unamuno.

Lola Canales