¡Y vuelta la burra al trigo! Lo de Belén Esteban es la historia interminable, lo que nunca muere, la correa sin fin… No hay un solo día que no aparezca en la pantalla de Telecinco, los motivos no importan.
Ya sea el documental sobre su vida y milagros, estrenado a bombo y platillo en un cine de Madrid. O la enésima entrevista a tumba abierta que descubrirá a la Belén más humana y sentimental, y donde desvelará lo que faltaba por conocer de su infancia, de sus carencias, de sus amores y desamores.
La madre de Andreíta genera cantidades ingentes de temas. El último, su posible salto a la política, por el partido BE, tras analizar los datos de una encuesta que la daría como líder de la tercera fuerza política del país. Siete diputados, nada menos.
No en vano Manuel Villanueva, director de contenidos de la cadena, la trata como a una prima donna. “Cada vez que Belén Esteban aparecía, la curva de audiencia subía, subía. Entonces pensé que solo un suicida podía retirar a Belén de la pantalla”.
La princesa del pueblo es archiconocida en el lugar más recóndito de España, tanto o más que el Rey. Además de empatizar con el respetable que la sigue a diario, entre dos y tres millones de personas, diseña sartenes y ahora su colección de zapatos y bolsos, para “una mujer moderna y sin complejos como ella”, reza la publicidad. También prepara una línea de cosméticos.
Nadie se sustrae a sus “encantos” y analizan su meteórica carrera personas sesudas y académicas, periodistas y publicistas de postín, sociólogos y asesores políticos de egregios dirigentes.
Juan Luis Cebrián, consejero delegado del grupo Prisa y académico de la lengua, habla sin ambages del personaje. “No hay nada de lo que escandalizarse, probablemente hay gente de peor calidad intelectual o personal que Belén Esteban en el Parlamento, lo que pasa es que salen menos en las televisiones y no los conocemos”.
Y refiriéndose a su posible liderazgo político: “Estas extravagancias de la política representativa se han vivido en otros lugares”. Verbigracia en Italia, con aquella famosa diputada Cicciolina.
César García, director creativo de la agencia Sra. Rushmore que ha realizado diversas campañas de Zapatero, señala que “la tele crea ídolos, son tíos que hablan de forma artificial, y de repente sale este chica y se hace famosa por “Andrea, cómete el pollo” o “Por mi hija, ma-to” y se convierte en un icono pop”.
Por su parte el periodista Enric Sopena, director de elplural.com, uno de los asistentes a la première del documental estrenado en el cine, compara a la copresentadora de Sálvame con Evita. “Eva Perón, una presidente que es un mito para los argentinos, ¿quién era? No era nadie, pero supo vender un producto, que era ella y su ideología. Belén ha sabido situarse ahí, ella que había nacido para vivir en la marginalidad. Desde la izquierda no se puede decir con altivez ¿quién es esta señora?. No, no. Cuando habla la ven tres millones de personas. Es como el Obama actual, que no es nadie y llega a presidente”
El sociólogo Fermín Bouza, catedrático de Opinión Pública y cultura de masas, afirma que “una vida normalizada no interesa”. Pero la vida de Esteban es todo lo contrario. Por eso “ella trata de ganar la batalla contra aquel que se supone que es el culpable de ese abandono, el ex marido”. Y añade: “Ella nos quiere contar su vida, nosotros la vemos y otros la pagan para que lo haga y así todo el mundo gana. Lo que está haciendo es reproducir la vida perdida en comunidad, que ahora solo se vive en televisión”.
El fenómeno de masas, de audiencia, mediático, sociólogico, político y etcétera que significa Belén Esteban proseguirá. Larga vida, pues, a la princesa del pueblo.










Lola Canales