Prohibido prohibir. Fue una de las gloriosas frases que definió el ansia de libertad de Europa, que soportaba regímenes autoritarios en España y tras el telón de acero, en aquellos revolucionarios días del mayo del 68. Prohibido prohibir.
Siempre quedará la duda de si han sido los toros quienes han pagado el pato de la sentencia del Tribunal Constitucional respecto al Estatut. Los nacionalistas no han perdido la oportunidad de salirse de España.
La votación para prohibir los toros ha tenido mucho más interés para la prensa extranjera, que abarrotaba el Parlament, que todas las manifas sobre el Estatut o los triunfos del Barça.
El corresponsal de la cadena francesa Radio Europe 1 se mostraba sorprendido de la abolición de las corridas y manifestaba el sentir común a la veintena de corresponsales europeos que observaban la votación. “El toro sigue siendo el símbolo de España para toda Europa.” Y es precisamente por esas “razones políticas” por lo que considera que los nacionalistas han votado en contra.
Hace un par de días el intelectual Pere Gimferrer, una institución en Cataluña, consideraba que la prohibición equivalía una “agresión cultural” comparable a la prohibición del carnaval durante el franquismo.
Curiosamente la abolición de las corridas no lleva implícito ni explícito los “correbous”, fiesta centenaria catalana y de las tierras del Ebro que los nacionalistas y ningún partido político se atreven a cuestionar.
Los nacionalistas catalanes pueden estar contentos. Su victoria ha dado la vuelta al mundo y el nombre de Cataluña ha llegado hasta el último confin. Pero siempre estará unida a palabras terribles: prohibir, vetar, impedir, privar, limitar, excluir, proscribir, desposeer y anular.










Lola Canales