
Todo empezó tras la derrota de la selección española ante Suiza. Ese maldito gol encajado por Iker Casillas iba a significar un calvario para Sara Carbonero, periodista deportiva enviada por Telecinco al Mundial de Sudáfrica. Su novia.
Ese bellezón apostado tras la portería de su pareja, la FIFA había ordenado a los periodistas acreditados en el terreno de juego que se situaran tras los tres palos de su selección, no había pasado desapercibido.
Todavía sin concluir el partido, las redacciones de los periódicos deportivos, españoles y extranjeros, ya tenían sobre la mesa casi un centenar de fotografías de la guapísima Sara.
Tal vez hubiera parado ahí la cosa. Pero la afición al morbo de Telecinco obligó a Carbonero a entrevistar tras el encuentro al capitán de “la roja”, hubo periodistas que criticaron esa decisión que había colocado a la reportera en el disparadero.
A partir de ese momento la prensa europea, especialmente The Times y The Guardian, se cebó con ella haciéndole culpable de que Casillas, desconcentrado ante su proximidad, hubiera encajado el gol.
La popularidad de la periodista subió como la espuma ese mismo día. El vídeo de la entrevista registró millón y medio de entradas en tiempo record. En Facebook, los admiradores aumentaron de 20.000 a casi 50.000.
Guapa, con unos ojos de escándalo, seria, comedida, muy profesional, “he estado más de dos meses estudiando alineaciones para el Mundial, que para mí es el reto”, y bien considerada por sus colegas, en la Copa Federaciones celebrada en 2009 fue nombrada la periodista deportiva más sexy del mundo. Cuando se enteró, dijo lacónica “eso no me beneficia”.
Estos días Sara Carbonero se ha convertido en debate nacional. En Google hay 1,3 millones de páginas donde se habla de ella, circulan 51.300 imágenes y 540 vídeos. Sara está entre las diez búsquedas más solícitadas de estas dos últimas semanas, desbordando a Belén Esteban.
Mariano Rajoy ha salido en su defensa: “Sara Carbonero no tiene la culpa si España es eliminada”.
El presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, ha criticado duramente la ubicación de la periodista. “Es un ejemplo de malversación de los valores del periodismo”, “si ella quiere ser una buena periodista no debe dejarse empujar hacia una mala práctica”, “es una vergüenza que Telecinco ponga a Sara Carbonero junto a la portería de la selección española”.
Ciertamente, es la FIFA quien decide los lugares donde se sitúan los reporteros pero, ¿podía Telecinco haber enviado a Carbonero a otro lugar del estadio? Si.
Con todo, ella es la más perjudicada sin haber cometido ningún acto reprobable. Cumplía órdenes.
Lo cierto es que los jugadores del equipo español están preocupados por si la situación pudiera afectarles. En particular a su portero. Según Ramón Besa, de El País, “puede que la crítica y los aficionados le miren con otros ojos, pero no transmite la seguridad de otros torneos. Ha perdido aplomo y se exige en exceso en cada jugada, actúa sin su habitual y elogiada naturalidad”.