Es ingenuo pensar que la televisión digital ( y sus numerosos canales) puede terminar con la telebasura. Pero ¿y si sonara la flauta?.
No va a sonar, no, porque las cadenas han descubierto la gallina de los huevos de oro. El morbo, el escándalo, el lenguaje soez e impúdico y el acoso y derribo a los personajes, públicos o no, vulnerando en muchas ocasiones los derechos fundamentales, “engancha” a los espectadores.
Y tener audiencia significa que los anunciantes, se dejarán la pasta y la cadena hará negocio.
Adalid “telebasuril” es Telecinco, experta desde aquel programa pionero de la hez televisiva Aquí hay tomate. Ahora es líder de audiencia con Sálvame y el amoral Jorge Javier Vázquez.
I love Escassi, Mujeres y hombres y la “basura fin de semana” Vuélveme loca completan una parrilla de primera.
Ya le gustaría a Antena 3 tener la audiencia “basurera” que tiene Telecinco, pero no hay forma. Los periodistas y colaboradores que se dedican a la cosa no dan la talla guarrindonga que se requiere para que la audiencia permanezca fiel y, recordemos, los anunciantes “metan” publicidad en cantidades ingentes.
Intentaron con La jaula darle la réplica Sálvame. Cualquier cosa para conseguir audiencia a cualquier precio.Y para ello tiraron de carroña de la buena, como Carlos el Yoyas, seres planos como la pobre Chayo Mohedano y jetas simpáticos como Paquirrín. Ni por esas. Se pasaron por exceso y por defecto y el engendro duró una semana.
La Sexta, cadena exquisita donde las haya con Wyoming y Buenafuente como indiscutibles showmen y una superioridad intelectual contrastada, también tiene su Generación Ni-Ni. Un grupo de adolescentes verdaderamente problemáticos conviven de mala manera. Sus comportamientos son supervisados por unos psicólogos que no pudieron evitar una agresión sexual, por supuesto ante las cámaras, que para eso están. La revista El jueves da estopa durísima a la cadena de Roures.
Contra la telebasura solo hay una solución: no verla, apagar la cadena que la emite, no formar parte de esa audiencia para conseguir que el número de telespectadores sea escaso y los anunciantes no acudan con su publicidad. No hay otra opción.










Lola Canales