Eso pasa por dejar vía libre a los internautas para votar quién representará a España, tan castigada en Europa con las salidas de pata de banco de Zapatero, en el festival tercermundista de Eurovisión.
Cualquier grupo de descerebrados puede presentar a su líder por el mero hecho de acumular votos. El “andoba” puede ser un psicópata, un violento, un nazi o cualquier ser de dos patas lo menos parecido a un humano. Y ¡viva la democracia sin condiciones ni reglas! Si tiene que ganar, pues que gane, para eso “le ha votado la gente”.
No vale todo, no. Ni tan siquiera en democracia. Las opiniones de un ama casa sobre enfermedades de la piel no valen como las de un dermatólogo. Ni las de un torero sobre cómo administrar una casa con el sueldo base y seis de familia.
Tampoco se puede tener en cuenta la opinión del conserje de la finca al respecto del asesino en serie tan amable y discreto que vivía en el quinto. Ni las de Isabel Pantoja acerca de la ética del artista.
La televisión produce espejismos y engaños, mayores cuanto menos límites impone, y distorsiona tanto la realidad que se acaba viviendo en un mundo paralelo. O para lelos.
Hoy, todo en televisión es espectáculo y por el espectáculo todo vale. Televisión Española ¿no sabía desde hace tiempo el peligro que tiene El Cobra? ¿no podía haber evitado que un mentecato como él concitara a miles de telespectadores a comerle la polla.
Una cosa es pasarlo bien y echar unas risas, incluso con Eurovisión, y otra un espectáculo deleznable, ejemplo maligno incluso para adultos.










Lola Canales