Cuando faltaban muchos años para que fuera baronesa, la vida de Tita Cervera también estuvo plagada de escándalos y litigios. Como ahora la de Carmen Thyssen.
Con 18 años, en 1961, se presentó al concurso de Miss España y lo ganó, su sonrisa conquistó al jurado. Entonces hizo creer al mundo que había nacido en una familia con posibles, de padre ingeniero industrial y abuelo marqués de Valladolid, y que su educación era exquisita.
La realidad era otra: vivía en el barrio obrero Ciutat Vella, su abuelo pertenecía a una familia de agricultores navarros, a su abuela materna, Sabina, la apodaban la Faraona, y su padre trabajaba como mecánico de motos en un taller de la barcelonesa calle Balmes.
Empeñada en llegar hasta lo más alto de la escala social, su madre fue su instructora, se desplazó hasta Suiza requerida por un multimillonario argentino. Pero rompieron las relaciones y poco después, según se cuenta en la biografía Carmen Cervera. La baronesa, apareció en una revista un artículo titulado, “Denunciada por un millonario”, en el que era acusada de la presunta sustracción de un anillo valorado en un millón de pesetas de la época.
Cumplió en parte su objetivo cuando se casó con el Tarzán hollywoodense Lex Barker del que, tras quedarse viuda, heredó una pequeña fortuna.
En 1975 conoció a un productor venezolano Espartaco Santoni, que tenía más cara que espalda, con quien se casó y con el que protagonizó sonoros escándalos dada la agitada vida del playboy. Santoni se vio implicado en fracasados negocios financieros y fue a dar con sus huesos en la cárcel. A Tita la dejó en la ruina. Fue entonces cuando se enteró que Espartaco era bígamo y, por lo tanto, su matrimonio no tenía validez.
En 1980, nuevo escándalo al nacer su único hijo biológico, Borja –que tiene dos hermanas gemelas adoptadas, una de las cuales se llama Sabina en homenaje a la Faraona- siendo soltera. Primero afirmó que el padre era Manolo Segura, y así lo confirmaba en una revista del corazón del momento. Más tarde lo negó y convirtió al padre de Borja en un misterio.
Casada con el barón Heinrich Thyssen Bornemisza vivió encarnizadas peleas con los cuatro hijos de su marido. Georg, el mayor y Francesca, aún son sus “bestias negras”. Y ahora la guerra con su hijo.
El carácter de la baronesa está forjado en mil batallas, toda su vida ha sido una pelea por “llegar” y ahora que “ha llegado” ni su hijo será un obstáculo.
En cuanto a pleitos, abogados y jueces, tiene un master. Borja, que en siete años se ha pulido 5 millones de euros de los quince que le correpondieron en metálico con la firma del ya famoso pacto de Basilea en 2002, necesita guita. Porque hasta que cumpla 30 años no dispondrá de otros cinco millones y ya con 35 completará la suma, tal como fue estipulado.
Así que no ha tenido otro remedio que, ante la negativa de su madre de seguir pasándole talones, apoderarse con alevosía y nocturnidad de unos documentos para ver por dónde mete mano a la billetera de la baronesa.










Lola Canales