
“Ser famoso en España es una de las cosas que más han empobrecido mi vida. Yo ya no me muevo libremente por la calle y eso es terrible, un precio altísimo que reduce tu vida a una vida de interior. Mis películas, por eso, son más interiores aunque mi vida no es tan truculenta como mi cine, pero son las historias que me atraen, con personajes al límite”.
Así se ha despachado Pedro Almodóvar en Londres, donde presenta su última obra Los abrazos rotos.
El estreno de esa película en España, que no tuvo la acogida que esperaba, le trajo además varias semanas de sinsabores tras la dura crítica de Carlos Boyero, en el diario El País. Hubo un cruce de acusaciones entre el cineasta y varios periodistas de ese diario, con comunicado incluido, que se refleja en el blog almodovariano. Mucho debió escocerle porque desde entonces no ha actualizado el blog.
Almodóvar no es el único personaje popular que se siente perseguido. Javier Bardem ha radicalizado más sus posiciones que el director manchego: apenas aparece por suelo patrio. En otro orden de cosas Fernando Torres, el Niño, delantero del Liverpool, también confiesa que “ Madrid me mataba, en Liverpool he ganado en calidad de vida. Ahora puedo hacer cosas que en Madrid resultaban imposibles. No podía ir al cine, ni ir de compras. Aquí la gente te respeta…”.
Así somos. Fagocitamos lo que amamos. O todo o nada. No tenemos término medio.


“Ese vago de los cojones que se enrrolla con tías de tetas grandes”, como se denomina a sí mismo, ha demostrado “a toda España” que tiene las neuronas suficientes para aprenderse un texto de memoria. El chaval más ridiculizado y denostado del país, se hizo con un 13% de audiencia televisiva, más de un millón y medio de espectadores, que esperaban ansiosos el monólogo del hijo de la Pantoja, 
Hace poco más de un año se mofaba de Bibiana Aido y sus “miembras”. “Si las élites quieren imponer a la sociedad que dirigen “miembras”, están perdiendo y haciendo perder el tiempo”.

Esa residencia es espectacular no sólo por su enclave y dimensiones, también por el lujo y el boato de su interior. La mansión fue diseñada por el artista canario César Manrique a instancias del rey Hussein de Jordania, que fue quien la mandó construir porque se enamoró de aquella zona.
La Familia Real la ha ocupado en tres ocasiones, una de ellas en el Año Nuevo de 2000, de infausto recuerdo porque aquel 2 de enero murió la condesa de Barcelona, madre del Rey.
Tal vez Zapatero, que sin duda debe tener su descanso como todo hijo de vecino, ha elegido un mal destino para pasar unos días de vacaciones cuando varios millones de familias se quedarán en casa este verano con dos palmos de narices.
Lola Canales