
Me acabo de enterar de que Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de ls Españas, Generalísimo de los Ejércitos, era hasta ayer alcalde honorario de Madrid, hijo adoptivo (que no putativo) y tenía en su haber la Medalla de Oro y la llave, del mismo metal, de la Villa y Corte.
Franco falleció hace 34 años. Pero lo mismo que El Cid Campeador ganó una batalla después de muerto, o Inés de Castro reinó después de morir, él “rigió” la capital desde su tumba del Valle de los Caídos sin saberlo los madrileños.
Ahora el Ayuntamiento ha caído en la cuenta de que eso es una gilipollez como la copa de un pino, por lo cual le ha destituido del cargo y le ha retirado los títulos, las medallas y las llaves. Otra gilipolllez. A su mujer, Carmen Polo, alias la collares, también le han despojado del ilustre nombramiento: ha dejado de ser hija adoptiva de la ciudad. Nueva gilipollez. Por el momento, el resto de la familia sigue desintegrándose sin ayuda del Consistorio.
Carmencita, la nietísima, a la que ya no cabe en la cara ni una chispa de colágeno, se va de veraneo a África sin su “armario” José Campos. Corren rumores de separación. Francis, otro nieto del dictador, agredió e insultó a una vigilante de la estación de Zaragoza.
Jaime, hermano de Carmencita y de Francis, fue condenado a un año de prisión por un delito de malos tratos y amenazas a su novia. Para colmo, el nieto pequeño de Franco acude cada cierto tiempo a programas de televisión que le pagan por relatar su adicción a las drogas.
Aquí sigue la “España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo (ahora de José Tomás) y de María”, que dijo Machado. Y se quedó corto.








Lola Canales