
Es el ex alcalde con más causas penales de España y posiblemente del extranjero pero mira a la cámara sin parpadeos, venido arriba, y recita pausadamente, en un tono políticamente correcto, una letanía bien aprendida: “Sí, como se ha dicho, he cobrado 350.000 euros por esta entrevista. El dinero me hace falta”.
Y se queda tan pancho, pidiendo disculpas “desde el respeto”.
Asegura que no ha sido condenado ni por corrupto ni por robar dinero del Ayuntamiento de Marbella (aún tiene cerca de cien causas pendientes) sino por un delito “contra la ordenación del territorio”, o sea recalificaciones de terreno que ha brindado generosamente, sin cobrar un euro, a sus amiguetes. Esperpéntico, tragicómico, bochornoso y soez.
Con cara de memo, impasible el ademán, no pierde la calma cuando Jorge Javier, ese muchacho que ha quedado engullido por el personaje del tomate, le pregunta en tono garbancero por su relación con Pantoja. Con un remedo de dignidad Muñoz amaga con quitarse el pinganillo para perder la comunicación con el plató, cosa que hace. Las actitudes del chorizo marbellí son cómicas.
Lo mejor de la noche, momento cumbre, cuando aparece el vídeo de la campaña de Muñoz para la alcaldía de Marbella, con traje blanco impoluto y flamenquito como música de fondo: “Honesto…trabajador… dialogante… familiar….ético…”. La repanocha, oye.
Como todas las fiestas tienen segunda, la ex mujer de Muñoz, Maite Zaldívar, apareció veinticuatro horas después en otra noria, previo pago, claro. Allí le acusaron de estar de acuerdo con Muñoz para engañar a Isabel Pantoja, lo que no negó. El broche de oro de su intervención fue la confirmación de que había enviado dinero a la cárcel a su ex marido en repetidas ocasiones y se había hecho cargo también de la minuta del procurador. Patético


Durante muchos años, desde mi más tierna infancia hasta los años setenta, oí hablar del oro de Moscú. Concluida la Guerra Civil, media España estaba convencida de que el gobierno de la República había enviado el 75% de las reservas del Banco de España a Rusia (la cuarta parte restante a Francia) para tenerlas a buen recaudo. La otra mitad creyó a pie juntillas la propaganda franquista: la República había vaciado las arcas del país dejándolo en la miseria para pagar la ayuda comunista al bando rojo.
Son agresivos, violentos y crueles. En su mayoría pertenecen a las mafias búlgaras también integradas por rumanos, polacos, ucranios y algún que otro español. Llegaron a nuestro país hace un lustro como hampones al estilo Chicago años 20.


Lola Canales