No es la solución a la crisis, no. Tampoco la batalla contra el paro. El desafio extremo de Zapatero es el ascenso por la vertiente leonesa de los Picos de Europa, desde Posada de Valdeón hasta la pared del Llambrión. ¡Qué pasadón!
Senderismo, sí señor, nueve horas de semiescalada en un recorrido de 14 kilómetros con más de 1.100 metros de subida. ¿Y por qué se le ocurre a Zapatero pegarse tal paliza?
Para que veamos que está en plena forma, cual Hércules redivivo, y confiemos en sus fuerzas. Si no le arredran los Picos de Europa, mucho menos el porvenir. Para demostrarnos que es un ecologista de pro, un naturalista de ley y, sobre todo, atendiendo a la invitación del montañero Jesús Calleja, presentador del programa Desafio extremo de Cuatro, un amiguete de hace tiempo, cuando ambos vivían en León.
Así que el presidente se ha enfundado una camiseta térmica, una cazadora de goretex, pantalones de trekking y zapatillas pies de gato y ¡alza pa´arriba! con escolta y todo. Mientras tanto las cámaras del programa se embeben de la imagen presidencial ascendiendo hacia las nubes.
Menudo comienzo de curso televisivo nos espera. Mira quien baila con Paquirrín y Ortega Cano, la serie Pelotas, con Chikilicuatre y Corbacho, y ahora Zapatero senderista. No me voy a despegar del televisor.
Ni la crisis, ni los cirujanos irresponsables que destrozan el rostro a decenas de mujeres (como el francés Michel Maure) ponen freno al ascenso de las operaciones de cirugía estética. Consideradas un producto de consumo generalizado, se han incluido en la elaboración del IPC. Comeremos patatas, pero con las tetas grandes.
La ley es la ley pero ignora a la justicia. O en palabras de Montesquieu “una cosa no es justa por el hecho de ser ley”.
Para lección de anatomía la de Michael Phelps. Cuando vi su foto, exultante, al conseguir otro oro, la cabeza se me llenó de músculos y venas de aquella exhibición de horrores. ¡Tremendo!
José Ortega Cano dice que está tan a gustito en este momento, tan feliz como una perdiz,
Mira por dónde la crisis que nos invade va a ponernos más gordos y orondos de lo que ya estamos, como si nadáramos en la abundancia. Y eso, aunque parezca bueno es malísimo.
Mira que le gusta a Zapatero el Parque de Doñana, lo visita tres veces al año, y el Palacio de las Marismillas. No me extraña, tengo un amigo que lo conoce y dice que es una preciosidad (mucho más cómodo tras la reforma de Aznar), aunque algunas tardes aparecen mosquitos como avionetas, de esos trompeteros que si te cogen la pierna te la aumentan diez tallas.
Hace más de un año que Madeleine desapareció y no ha transcurrido un solo día sin noticias en la prensa. Como si se tratara de una novela negra por entregas, desde que se ha archivado el caso y el sumario ha quedado abierto se van conociendo datos, algunos muy relevantes, ocultos entre los casi 30.000 folios de la investigación.
También se ha conocido que a los cuatro días de la desaparición de Madeleine, las cámaras de una tienda de Amsterdam grabaron a un niña muy parecida, acompañada por un hombre que hablaba portugués y una mujer que tenía acento francés. La dueña de la tienda llamó a la policía portuguesa para informar que había hablado con una niña que, en inglés, dijo llamarse Maddie
Hoy lo veo todo al bies. Tal vez por la alergia que me ataca los ojos, los niveles de dióxido de carbono alcanzan cifras récord en Madrid, o quizás porque me niego a mirar de frente la realidad, como le sucede a Zapatero. En su caso es por cochina ansia de poder, en el mío simple supervivencia.
Lola Canales