Salgo del letargo del debate de investidura y me encuentro con una noticia superferolítica, interesantísima para muchachas casaderas. Resulta que unos científicos británicos listísimos han descubierto que una persona avispada, fundamentalmente de sexo femenino como no podía ser de otra manera, con sólo mirar a la cara de su futuro ligue puede predecir si le va a poner una hermosa cornamenta o no.
¿Que cómo es la cosa? Pues debe ser sencillísima. Según el estudio publicado en la revista Evolution and Human Behavior, el 72% de 700 voluntarios heterosexuales a los que les pidieron adivinar las aviesas intenciones sexuales de un grupo de chavales por medio de una fotografia, dio en el clavo: eran promiscuos a tope, según habían confesado ellos mismos.
¿Cómo pudieron ellas darse cuenta del tortel? No lo sé, pero según cuenta el estudio eligieron a tíos con la mandíbula cuadrada, la nariz grande… en suma, facciones masculinas cien por cien. Y mira tú por dónde, los más machos, los más… más, son los que tienen la testosterona a rebosar, y cuando la testosterona dice aquí estoy yo, aparece un promiscuo .
Por otra parte, según una encuesta realizada por el Instituo Nacional de Estadística, los más promiscuos son los que tienen más memoria, qué bien, y los que tienen más memoria son los homo, infinitamente más promiscuos que los hetero.
¿Y qué pasa con las hembras? ¿No las hay promiscuas? Pues sí y para mayor mayor gloria de los machos la promiscuidad de la hembra mejora la calidad del semen porque aumenta el tamaño, la cantidad y la velocidad de natación de los espermatozoides en su loca carrera por la fecundación. Al menos esto es lo que ocurre con los ratones.
A decir verdad, todos estos estudios vienen a facilitar las cosas. Echas un vistazo al género que tienes delante y, según el careto, sabes si la relación va a ser duradera o de veinte minutos. Tú decides. Si quieres tener memoria, ya sabes. Y si deseas que le aumente el tamaño, la cantidad y la velocidad, prueba a hacer lo mismo que las ratonas.
Lola Canales