He leido el reportaje de El Mundo a Teresa Fernández de la Vega, el de “no soy lesbiana”. Comprendo por qué se le ha dado tan poca cancha al asunto. La noticia habría sido que lo fuera. Anulado el morbo, pierde todo su interés.
Es mucho más novedoso que la vicepresidenta del Gobierno haya concedido una entrevista al periódico más combativo contra el PSOE. Y es que Pedro J. Ramírez es un lince.
En su afán por colocar a Rajoy en la Moncloa, el afamado periodista corrigió a Pizarro por sus fallos en el debate con Solbes y avsió de lo que debía hacer en el futuro. Y sin cortarse un pelo a la hora de alardear de influyente, el mismo día que publica un reportaje de lo más pinturero a la vice de Zapatero, firma de su puño y letra diez consejos a Mariano para que deje K.O. a ZP en el debate televisivo.
Fernández de la Vega recibió a los reporteros en su piso de noventa metros tan conjuntada como siempre, les ofreció un café en la cocinita y les permitió que la acompañaran a lo largo de una jornada laboral de quince horas la mar de movida.
La “jefa”, como la llama su equipo, queda en el reportaje por las nubes, sin duda con todo merecimiento. De política ni un palabra, así fue consensuado. Y del asunto de su irregular empadronamiento en Valencia como cabeza de lista del PSOE, menos.
Así que la parte más pintona de la entrevista se reduce a la opción sexual de María Teresa. Cuatro años de rumores a vueltas con sus “novias” (que si es una presentadora de TV, que si es una médico del ministerio de Interior, que si se ha casado en secreto…) y resulta que dejó plantado al arquitecto Tomás, tras diez años de noviazgo, días antes de la boda.
A la pregunta de la periodista “¿Es usted lesbiana?”, responde: “¡Hombre! Por fin me lo preguntan. Pues mira, no”. Y por qué tiene que responder, digo yo. A ver si va a ser que la opción sexual es más determinante de lo que cuentan.
Lola Canales