Ahora se ha sabido que el asesino de Svetlana la tenía controlada cada segundo a través de un dispositivo de localización que había activado en su móvil. Fueron tres años de persecución y calvario según ha contado la madre de la víctima.
En El diario de Patricia, que ha concitado todas las iras, se mascaba la tragedia. La redacción del programa sabe bien lo que es el miedo. Con cierta frecuencia se suceden riñas entre participantes que se hacen extensivas al redactor que se ha ocupado del caso. En ocasiones, algunos invitados se han mostrado muy agresivos con empleados del programa por considerar que les habían tendido una trampa. No iban descaminados.
En este programa hay un médico, sin determinar la especialidad, que vigila los desmayos, taquicardias y otros jamacucos de los que allí acuden para ser sorprendidos. No hay más control. Patricia Gaztañaga, que actúa a veces de celestina frustrada, se ocupa de echar leña al fuego. Y se ha quemado.
En Gran Hermano utilizan los servicios de un equipo de psicólogos… para todo lo contrario a lo que cabría esperar. Ellos realizan la criba de los futuros concursantes, examinando a miles de personas, y eligen a aquellos que “darán más juego”. O sea, humanos sin complejos morales, sin escrúpulos, exhibicionistas, egoístas y manipuladores, embusteros, primitivos, incultos e incluso violentos, como aquel elemento apodado el Yoyas, “que te meto”. Buena labor psicológica. En lugar de solucionar problemas del carácter y de la mente, los alientan.
La televisión ha convertido la violencia en un espectáculo de masas porque la violencia es un espectáculo para el género humano. Siempre ha sido así. No todo acabó en las luchas de gladiadores y los festines de los leones a base de cristianos.
En Mala hierba, de la trilogía La lucha por la vida de Pío Baroja, Flora cuenta cómo fue a ver el ajusticiamiento a garrote vil de Higinia Balaguer, autora del horrendo crimen de la calle de Fuencarral. “En los desmontes hormigueaba el gentío. Vino la Higinia vestido de negro, apoyada en los Hermanos de la Paz y Caridad…”. Y unas líneas más abajo narra el fusilamiento de un soldado: “Había público de cómicos, trasnochadores, coristas, prostitutas, subidos en coches simones, y una turbamulta de golfos y mendigos”.
La vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, se ha tomado la cosa en serio y se ha reunido con directivos de las distintas cadenas de televisión para tratar de poner freno a las morbosas informaciones que se originan especialmente con la violencia de género.
Por el momento se ha creado una comisión de expertos para que descubran la mejor fórmula informativa sobre el mal trato. A eso le podían añadir unas listas con los nombres y los rostros de los maltratadores culpables. Para que los conociéramos todos, ¿no?.
A mediados de los años sesenta los mesetarios veíamos a Cataluña como el faro cultural de España. Allí estaban Els setze jutges, origen de la nova canço, Quico Pi de la Serra, Xabier Ribalta, Guillermina Mota, Lluis Llach, Sisa, Pau Riba, Els Joglars, con Boadella y Fontseré, Carlos Barral, Pere Gimferrer …
Esto era un presidente muy ecológico, muy ecológico, que se llamaba Zapatero. “España ha dado ya ejemplo y si muchos siguieran el ejemplo de España podríamos conseguir un gran cambio en el mundo”, decía con su particular lenguaje.
En estos tiempos de moral laxa no es de extrañar que la mujer de un juez escriba un libro donde se viertan críticas contra otros magistrados y desvele aquellos asuntos sumariales que su marido, por razones obvias, no puede contar.
Me encanta Marilyn Manson. Es lo más. A raíz de su reciente concierto en Madrid, volvió a surgir
¡Qué panzada política, madre! Cuatro horas entre Tengo una pregunta para usted y Tinc una pregunta per a vostè.
Tras una pausa publicitaria ha aparecido 
No ha estado mal. Tampoco excelsa. Ha sido
Tras una mala noche, la primera galleta del desayuno se me ha atragantado al leer lo que ha dicho Moratinos de “la persistencia declarativa” de Hugo Chávez, Cambio de registro y me entero que la infanta Elena se ha mudado a la que durante muchos años ha sido casa de Luis Solana, ex presidente de Telefónica y ex director general de RTVE con el gobierno del PSOE, y de su mujer, Leonor Pérez Pita, más conocida como Cuca Solana, directora de la Pasarela Cibeles desde el año 1986.
Lola Canales