Ahí estaban los tres, cual hormigas atómicas. Sus caritas reconocibles en medio mundo, empequeñecidos, constreñidos y estreñidos.
Unas gafas de sol de las llamadas tipo mosca ocultaban sus miradas pánfilas en la noche madrileña. ¿Qué escondían?
El Bernabéu rugía como ruge el Bernabéu, cuando la cosa va bien, y ellos aplaudían rodeados de querubines rubios.
Vaya tres patas pa´un banco. Realmente, ¿qué estarían viendo? Y aún más, ¿qué
estarían mirando?.
A modo de misión imposible los tres rostros engafados seguían un partido patético,
épico, perínclito, prostático…
Aquellos tres pares de ojos muertos se fijaban, tal vez, en el hermoso Beckham, pero podían estar en otros mundos, en mundos donde los bobos suelen aparcar sus limusinas.
Victoria, Tom y Kate batieron palmas a rabiar, puestos en pie, cuando el esposo y
amigo abandonó el campo aquejado de un dolor en el pie. Los cienciólogos volvieron a sus puestos ¡oh milagro!, ya sin paralunas. Sus miradas inteligentes, como las de una vaca mirando un tren, volaron entre las nubes arropadas por noventa mil almas que coreaban: "Campeones, campeones, oe, oe, oe".
¿Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón los nidos a colgar?
(Relatito dedicado a Carlos.A.)
Lola Canales