Hay que ver la cantidad de soplatonteces que tiene que hacer Paris Hilton para salir en los papeles. No contenta con ser una riquísima heredera (356 millones de dólares), necesita que todo el mundo se entere de sus extravagancias y otras chorradas.
La última que vemos en España, participar en un reality con su íntima amiga Nichole Richie. Así que a Arkansas que se fueronlos dos angelitos para convivir con la familia Ledings, padre, madre y dos bigardos con muy mala leche, en un pueblo de 850 habitantes… y nada alrededor.
Los preparativos del viaje fueron de escándalo. Para ir a una granja perdida se compró un supermegabolso de 1.500 dólares, y unos zapatos de tacón de aguja que no los mejora ni Terelu Campos en La granja de los famosos. De lo más apropiado para el campo, vamos.
Antes de coger el avión particular que dejó a las amiguitas en medio de un erial, Paris confesó que lo que más le dolía era abandonar su móvil, prefiere dejar de comer seis meses a no poder utilizar su agenda.
Una vida sencilla, así se llama el programa que emite la cadena Fox, alcanza cotas de audiencia astronómicas lo que demuestra también la sencillez del estadounidense medio que se pirra por ver a un par de soplapijas en estado no natural (el natural es la embriaguez).
Cada día Antena 3 emitirá un capítulo (grabados en 2003) de las andazas de estas dos idiotas que tendrán que faenar en las labores campestres para sobrevivir de mala manera.
No sé yo si nuestra audiencia será tan generosa como en EE.UU. He visto el primero para poder hablar al respecto y me ha salido un sabañón de golpe. Tal vez sea cuestión del traductor, pero no he podido escuchar y ver al mismo tiempo a dos seres con el encefalograma plano. Pero muy plano.
Me cuenta una amistad nada peligrosa que las aguas corren revueltas en la revista Zero. Todo empezó cuando la publicación le propuso al que fuera candidato socialista a la alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián, el breve, aparecer en la portada. Ante su negativa, y tras el correspondiente mosqueo, hicieron la misma propuesta a Alberto Ruiz Gallardón. Evidentemente, aceptó sin pensarlo dos veces.
Todavía está disfrutando del día de la inauguración de la bodega Cepa 21, liderada por los hermanos Moro, de la que Imanol es accionista así como el futbolista Ronaldo, entre otros.
Era todo amor hacia su esposa, Zenobia Camprubí, a la que dedicaba la mayoría de sus libros. Pero su irrefrenable libídine, su hipersensibilidad y su tendencia a la depresión, le llevaron a mantener cientos de relaciones carnales, que atemperan todos los males.
Ahí estaban los tres, cual hormigas atómicas. Sus caritas reconocibles en medio mundo, empequeñecidos, constreñidos y estreñidos.
Dice José Saramago, Premio Nobel de Literatura, que el mundo, la sociedad moderna, las clases medias, los ciudadanos, sirven tan sólo para votar y después ¡si te he visto no me acuerdo! Se tumban a la bartola durante cuatro años, incapaces de poner trabas a la democracia gobernada por los ricos, donde la izquierda es cada vez "más estúpida".
¡Qué bonito es tener un cántico que aúne los corazones! Porque el hombre (y la mujer) no son nada sin la colectividad y los himnos hermanan una barbaridad. Fíjate cómo vibran las almas en los campos de fútbol. Y en los de batalla, con tambores, trompetas y una marcha triunfal. Decía Napoleón que La Marsellesa daba más fuerza moral a las tropas que sus cañones.
Corría el final de los años sesenta y la Universidad Complutense de Madrid, como otras, era un hervidero.
La verdad es que queda fatal que al master del Universo le roben el reloj. Igual da que sea en Guasintón que en Tirana, en Madagascar que en Chipre. Tan listo él, tan dueño de enviar a la muerte a tantos seres humanos, tan dominador y todopoderoso, resulta que se lía a estrechar manos y le birlan el peluco.
Estaba yo en la cocina con un ojo en los escalopines y otro en el televisor. Me temía lo peor con el asunto de la reunión Zapatero-Rajoy. Como en los derbis o en las grandes tardes de toros. Ná de ná.
Lola Canales