Olas de calor insufrible, subidas del nivel del mar a consecuencia de los deshielos y desaparición de localidades costeras, extinción de especies, tal vez un millón, sequías y hambrunas, incendios masivos, millones de langostas devoran las cosechas africanas… ¿Vuelven las siete plagas que relata el Apocalipsis? ¿Nos quieren meter miedo o es una realidad?
El debate, fruto de la reflexión de los científicos, ha llegado a la calle. La organización ecologista Alianza por el Planeta se apuntó un tanto con la convocatoria del apagón energético secundado en todo el mundo, con la idea de "ahorrar cinco minutos de electricidad en todo el planeta para llamar la atención de los ciudadanos, de los medios de comunicación y de los que tienen el poder sobre el derroche de energía y la urgencia de pasar a la acción".
El cambio climático y el calentamiento global deberían incluirse entre los puntos fundamentales del debate político y los candidatos a las elecciones tendrían que incluirlo en su programa. A las próximas generaciones les va la vida en ello.
El 7 de febrero el ex vicepresidente de los EE.UU., Al Gore, dará una conferencia en el IFEMA, Madrid, titulada "El mayor problema actual de la humanidad: el calentamiento global y nuestra acción para frenarlo". Allí se emitirá su documental que ha dado la vuelta al mundo, "Una verdad incómoda".
Pero ¿hay posibilidades de contener al menos ese calentamiento o ya es imparable?
El cambio climático, para la mayoría de los científicos y según el informe oficial de Naciones Unidas, es ya inevitable y es el hombre quien tiene buena parte de la culpa.
Cada día hablamos peor. A ello contribuye en gran medida la clase política con su lenguaje ambiguo e indefinido, utilizado adrede para no mojarse. Tampoco van a la zaga periodistas y presentadores que, contagiados del lenguaje entre líneas al que se une la falta de cultura, "inventan" diariamente "palabros" que cuando menos provocan hilaridad.
Ya no quiere ser más listo que los ratones colorados, ni el loco de la colina, ni el perro verde, anteriores títulos de su programa de entrevistas sui generis recogidos del refranero popular.
Las sangrientas peleas entre bandas juveniles españolas y latinoamericanas que con cierta frecuencia espantan a la población, me traen a la memoria la película de Scorsese Gangs of New York. Salvando las distancias, que son muchas, allí luchaban los autóctonos por mantener su hegemonía y los extranjeros por arrebatársela.
¡Caray!, como espabila la peluquera gallega Ana María Ríos, famosa por su detención en Cancún y aún más por su desnudo en la portada de la revista Interviú.
Cuánto hay que amar la vida para no temer a la muerte… He leido la historia de Madeleine Z., la última persona que ha clamado a favor de la eutanasia y la ha llevado a cabo. Comprendo plenamente su deseo de abandonar este mundo.
Estoy contentísima, como si me hubiera tocado la lotería, vamos. Me he enterado de que en Antena 3 ha comenzado el casting de feos y feas para formar parte de un reality, Cambio de imagen, una copia calcada de otro que en Estados Unidos hace furor. El programa seguro que tendrá un éxito rotundo porque España es el primer país de Europa en operaciones estéticas y el cuarto del mundo. Es que nos priva ser cualquiera menos nosotros mismos.
Qué grave problema tendrá el presidente del Gobierno para que el diario El País le dé ¡cinco páginas! de entrevista. No he podido terminarla porque así como a la mitad, me ha dado un sopor que me ha dejado postrada casi todo el día.
Hace unos días ha sido la peluquera gallega, Ana María Ríos, detenida en Cancún por posesión de armas, la que nos ha dejado patidifusos al cumplir el deseo de su vida: posar en pelota picada en la portada de la revista Interviú.
Lola Canales