Llevo ya un buen rato levantada y aún sigo como una zombie. Ayer, como os dije, fui a la fiesta de cumpleaños de una amiga y, francamente, lo pasé bien y, sobre todo, se me pasó el cabreo que arrastraba durante todo el día. Pero, claro, como nada es perfecto en este mundo, me acosté tarde y ahora estoy doblada, lo que no es óbice ni cortapisa para que os recomiende ese librito que os dije hace un par de días.
Se trata de La ciudad y el hombre, de Leo Strauss, una eminencia en filosofía política, alemán judío neokantiano, empeñado en la derrota del pensamiento racional, cuya tesis doctoral fue dirigida por Ernst Cassirer.De vasta cultura y altísimo nivel intelectual, se estableció en 1938 en los Estados Unidos y durante veinte años, desde su cátedra de la Universidad de Chicago, se convirtió en el más feroz crítico de la democracia liberal.
Strauss teologizó la política y creía firmemente en la mentira política. Así se convirtió en el padre de los neoconservadores que llevaron sus teorías a la guerra fría y, recordemos, a la reciente guerra de Irak que aún colea. Bush junior y sus halcones siguieron sus directrices y mintieron como bellacos respecto a las armas de destrucción masiva que escondía Sadam.
En La ciudad y el hombre Strauss aborda tres ensayos sobre Aristóteles, Platón y Tucídides, en un intento de utilizar la filosofía política clásica como medio para liberar la filosofía política moderna del dominio de la ideología. Esta obra está publicada en una editorial de nuevo cuño, Katz, dedicada a los libros de pensamiento.
Leed, leed a Strauss para saber lo que vale un peine…
Lola Canales