
Quien más, quien menos, ha puesto durante estas fiestas lucecitas por algún rincón de la casa… ya sea en el árbol de Navidad, en las ventanas, en las escaleras, o incluso alumbrando alguno de los belenes. Pero pocos nos hemos preguntado ¿dónde van a parar esas ristras de luces cuando se nos estropean y acaban en la basura?
Pues he aquí que hoy os damos la respuesta: se transforman en las suelas de nuestras zapatillas de deporte!!
Bueno, en realidad, acaban reciclándose y convirtiéndose en multitud de objetos de plástico, tras un sistema de criba y reciclaje en alguna planta de las que hay en Shijiao, China.
Hasta allí envían muchos países toneladas y toneladas de cables enredados llenos de lucecitas para que alguna de las plantas de procesamiento separe los distintos materiales, consiga de nuevo materias primas con las que fabricar más objetos que volverán a vender a los mismos países que les han mandado las lucecitas!
El proceso funciona así: se depositan los cables en unos molinos especiales que “pican” todo hasta conseguir partículas milimétricas que posteriormente se mezclan con agua para crear una especie de pasta.
Esta pasta se deposita en unas bateas que van vibrando y colando los materiales para separarlos. Se consigue así cobre, pasta de vidrio y plástico… materias necesarias para fabricar multitud de objetos, como por ejemplo ¡zapatillas deportivas!
Interesante pescadilla que se muerde la cola ¿no?
La opinión de Mr. D: Al final vamos a depender de China para absolutamente todo… ya lo veréis. |
La opinión del Inspector F: ¡Genial idea! Así no se quema el plástico como hacen en otros países ¡cuidemos el medioambiente! |



















Jaser Steven, estudiante británico y usuario habitual de esta consola se encontró un día con la desgracia de ver que su equipo había muerto por completo y no tenía arreglo, así que en lugar de tirarlo a la basura, decidió destriparlo y darle una nueva oportunidad. Con un poco de imaginación, algún cable adicional para unir las piezas y sin usar adhesivo de ningún tipo creó este robot que ahora adorna su habitación y a la que él considera una obra de arte.
Cuando alguien muere su familia suele tener claro dónde quiere que reposen sus restos: bajo tierra, en un nicho, donados a la ciencia, o incinerados…. pero hasta ahora, excepto en el caso de la donación de órganos todavía aprovechables, nadie ha pensado en la posibilidad de “reciclarnos” a nosotros mismos.
Javier