Delación y resistencia cocalera dificultan la erradicación en Bolivia

 

Una caravana de vehículos con 60 militares y policías a bordo se desplaza con sigilo antes del amanecer por una ruta de esta región selvática de los Yungas bolivianos, 160 km al noreste de La Paz, con la misión de destruir a mano plantaciones ilegales de coca.

De pronto la comitiva divisa en la penumbra a un grupo de cocaleros que les esperan para impedir que los uniformados cumplan con su tarea. "¡Alguien los ha alertado!", comenta un militar. Nadie se explica cómo se enteraron de la operación, planificada con gran reserva. Sólo cuatro personas estaban al corriente del lugar.

A raíz de la delación, el comandante de los erradicadores, teniente coronel Milton Navía, ordena seguir de largo para evitar choques con los cocaleros que resguardan sus plantaciones. "Hay orden de no enfrentarnos" con los campesinos, explica.

El gobierno del presidente Evo Morales, líder de los cocaleros del Chapare, zona de producción de la hoja en el centro del país y otrora emporio del narcotráfico, se ufana de que la lucha contra la coca no destinada al consumo tradicional se lleva a cabo de manera concertada y "sin un solo muerto".

La filtración de las operaciones antidroga es frecuente, por eso la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC, tropa de élite integrada por policías y militares) escoge dos y hasta tres sitios distintos dónde arrancar la coca, una pesada tarea realizada a mano y, en el mejor de los casos, con picotas (puntas de hierro sostenidas por un asa de madera).

"Algunas veces los pobladores nos plantan obstáculos, hacen caer árboles y por ello tenemos que tener planes operativos alternos", dice el teniente coronel Navía, comandante de la FTC de los Yungas.

Los 'todoterreno' enfilan entonces hacia otro sitio de la misma región de Caranavi, exuberante en flora y fauna, cabecera de ingreso a la Amazonia, 156 km al noreste de La Paz.

Rumbo al nuevo destino es preciso el uso de botes Zodiac para cruzar el ancho río Coroico hasta la zona de Yolosita, pues los campesinos impiden su paso por un puente colgante.

Tras remontar el río, la columna de efectivos trepa durante una hora por una estrecha senda una empinada ladera, hasta un fundo ubicado en una zona donde está prohibido cultivar coca. Comienzan la tarea de arrancar de raíz los arbustos de coca.

Su propietario, Willy Quispe, protesta: "¡nos están quitando nuestro medio de vida!".

La coca ha llevado la bonanza a las zonas de cultivo, dado que un sembradío rinde hasta cuatro cosechas al año.

En Caranavi, por ejemplo, hay construcciones modernas y circulan vehículos de toda índole, especialmente 4x4, además de motocicletas de fabricación china. Sin embargo, esa prosperidad no significa calidad de vida para la mayoría de su gente.

El proyecto de mejora nutricional y seguridad alimentaria, que realizó la organización Save the Children Bolivia entre 2010 y 2012, reveló que el 49% de los niños menores de cinco años de Caranavi sufre de desnutrición crónica, debido a que no consume alimentos adecuados.

El aumento de los cultivos de coca parece no tener límite, a pesar de que Sinforiano Cusi, dirigente de los cocaleros de la región, afirma que "funciona el control social (autorregulación) ejercido por los productores".

La erradicación manual da magros resultados.

Los 60 efectivos de la Fuerza de Tarea Conjunta que acompañó la AFP a los Yungas invirtió un día entero para destruir un 'cato' (una superficie de 40x40 metros) de un cocal antiguo.

En 2010 la superficie de cultivos de coca llegó en Bolivia a 31.000 hectáreas, 19.000 hectáreas más de las 12.000 permitidas para la masticación tradicional, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDC), que no dio cifras para 2011 en su último informe publicado el 26 de junio pasado.

"En 2011 logramos estabilizar los cultivos y este año vamos a mostrar la erradicación neta", asegura Felipe Cáceres, responsable boliviano de la política antidrogas.

César Guedes, representante de la ONUDC, afirma que "es preocupante que el país produzca más coca de la que necesita y ese excedente vaya a actividades ilegales como el narcotráfico".

La producción de cocaína aumenta no sólo porque hay más cultivos de coca, sino porque en Bolivia se aplica moderna tecnología en su elaboración.

La Paz, que expulsó en 2009 a la agencia antidroga de Estados Unidos DEA de su territorio, se ha convertido en país proveedor de cocaína a Brasil y Europa, lo que inquieta a su enorme vecino.

La ONUDC estima que de las 115 toneladas de producción anual de cocaína en Bolivia, tercer productor mundial, el 60% pasa a Brasil.

"Estamos atentos al tema. En los últimos cuatro o cinco años se reforzó muchísimo la cooperación con Bolivia en la política antidroga", explica a la AFP Murilo Komniski, primer secretario de la embajada brasileña en La Paz.

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