El proceso histórico de emancipación de la mujer ha tenido una etapa reciente de reivindicación de la igualdad efectiva entre ambos sexos, en la que ha sido pionera la Unión Europea. Los planteamientos feministas han batallado por la la visibilidad y el empoderamiento de la mujer: que la condición femenina tenga un protagonismo social semejante a la masculina y que se equiparen en la ocupación de puestos de poder.
En ese proceso de igualación administrativa de ambos sexos, los gobiernos de Zapatero fueron especialmente activos. Regularon las cuotas de poder en organismos públicos y en consejos de administración de grandes empresas. Aquella medida ha tenido un efecto muy limitado, más allá de la proporción de 60% - 40% por sexo que procuran los partidos políticos en sus candidaturas.
El siguiente paso fue más determinante, la Ley Orgánica para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres. En vigor desde marzo de 2007, esa norma superior conmina a los poderes públicos a usar un lenguaje no sexista. Y lo hace en cuatro de sus artículos referidos a los poderes públicos (14.11), tecnologías de la información y la comunicación (28.4), Radiotelevisión Española (37, b) y agencia de noticias Efe (38.1).
La ley no especifica cuál es el lenguaje correcto o no sexista, pero quedó sobrentendido que los personajes públicos y documentos oficiales deben referirse siempre a grupos genéricos empleando los dos géneros gramaticales, masculino y femenino.
De ahí los tan comentados vascos y vascas, usuarios y usuarias, vecinos y vecinas, trabajadores y trabajadoras, etcétera. Ese tipo de referencias no son exclusivas de España, se han ido imponiendo en bastantes otros países, pero no por imperativo legal como aquí ocurre.
Lingüistas, gramáticos y académicos (en su mayoría hombres) han desautorizado ese retorcimiento del lenguaje que, dicen, confunde género gramatical con sexo biológico, alarga innecesariamente los períodos orales o escritos e incluye usos extraños a los hablantes.
La descalificación más rotunda y autorizada de la llamada práctica dobletista del lenguaje, ha salido de la pluma del prestigioso catedrático y académico Ignacio del Bosque, con su polémico artículo Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, suscrito por veintitrés miembros de la Real Academia.

