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Bashar Al Asad se ha convertido en uno de los nombres más repetidos en la escena internacional. Es el presidente de Siria desde el año 2000, cuando tomó el relevo de su padre Hafez Al Asad, que estuvo en el poder durante 30 años.
Foto: AFP
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Hafez Al Asad se crió en una familia humilde del clan de los aluís, una minoría religiosa siria separada de los sunnies que componen la mayoría de la población. Hafez destacó como militar, lo que le valió un alto cargo en las fuerzas aéreas sirias, puesto que aprovechó para dar un golpe de estado en 1970 que le erigió como presidente de la república, puesto que no abandonó hasta su muerte en el año 2000.
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Bashar Al Asad es el tercero de los cinco hijos del general Hafez Al Asad y, en un principio, su vida no estaba a destinada a dirigir Siria. Se formó como médico oftalmólogo y vivió en Londres bajo una falsa identidad que impedía que se le relacionara con su familia; ni siquiera el pueblo sirio conocía cuál era su imagen. Sin embargo la muerte de su hermano Bassel -el heredero hasta ese momento- en un accidente en 1994 lo convirtió en el preferido de su padre para sucederle.
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Cuando su padre murió en junio del año 2000, Bashar Al Asad ya estaba preparado para tomar las riendas del país. Poco importó que la constitución exigiera que el presidente fuera mayor de 40 años y él contara solo 34. Tras el pertinente y fugaz cambio en la carta magna, Bashar se hizo con los plenos poderes de los que goza el presidente de la República de Siria: nombrar y destituir a los vicepresidentes, al primer ministro y a los ministros. Es también comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y líder del partido único 'Baath'. En la imagen, Bashar acompaña el féretro de su padre por las calles de Damasco.
Foto: AFP
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El mismo año en el que subió al poder, Bashar se casó con Asma Fawaz, una ejecutiva bancaria londinense cuyos padres emigraron desde Siria con la esperanza de alejarse del régimen opresivo de Hafez Al Asad. Asma y Bashar se conocieron en Londres cuando este era un inofensivo oftalmólogo que, según sus propias palabras "había elegido esta especialidad por no soportar la visión de la sangre".
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El pueblo sirio confiaba en que Bashar supusiera un soplo de aire fresco en su vida política, gracias a su carácter abierto y su estancia en el extranjero. Su esposa también intentó inspirarle para que cambiara la situación del pueblo sirio e incluso fundó 'Mashar', una organización cuyo objetivo era fomentar el activismo político entre los jóvenes. Asma forma parte, junto con Rania de Jordania, de la Organización de Mujeres de la Liga Arabe, cuyo objetivo es intentar ayudar a los más desfavorecidos.
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A pesar de todo, las tímidas reformas democráticas iniciadas por el presidente sirio y el espejismo de un nuevo comienzo más abierto y libre para el país apenas tardaron en desvanecerse. Bashar se esforzó por mantener el poder de la misma manera que lo había hecho su padre: acercándose a los sectores más radicales del partido 'Baath' y mantenendo un férreo control policial e ideológico sobre su pueblo.
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La vida política siria continuó controlada totalmente por el propio régimen, por lo que no fue extraño que en el 2007 Bashar Al Asad consiguiera el apoyo del 97% de su pueblo en un referendum sobre su continuidad en el poder. Sin embargo Bashar no podía controlar lo que ocurría fuera de sus fronteras. La 'Primavera árabe' y movimiento reformista que contagió a Túnez y Libia en sus primeras etapas, llegó a Siria en el 2011.
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Las peticiones democráticas del pueblo sirio recibieron la más brutal de las respuestas. Manifestaciones ametralladas, torturas, secuestros de activistas... Formaron el caldo de cultivo desde el que despegó el 'Ejército Libre de Siria', formado por militares desertores del ejército nacional y que ahora supone el principal grupo de oposición armada al régimen.
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Bashar y Asma en su última aparición pública en enero de este año. Lejos de buscar ser un elemento conciliador en las revueltas, el presidente sirio y su primera dama se escudan tras sus fuerzas de seguridad mientras se libra una guerra civil no declarada en las calles de su país. Toda la voluntad reformadora de Asma se ha difuminado tan rápido como la de su marido y ha terminado siendo más conocida por su gusto por las compras en París y Londres que por su activismo político.
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Ahora ya es demasiado tarde para Bashar Al Asad. Su pueblo ha acumulado demasiado sufrimiento y el principal requisito que imponen para el final de la violencia es que abandone el poder y el partido único 'Baath', que ha oprimido durante casi 50 años al pueblo sirio, se disuelva.
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Bashar Al Asad se ha convertido en uno de los nombres más repetidos en la escena internacional. Es el presidente de Siria desde el año 2000, cuando tomó el relevo de su padre Hafez Al Asad, que estuvo en el poder durante 30 años.
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