Unas 150 personas y más de 100 organizaciones civiles estadounidenses iniciaron el domingo en San Diego, en la frontera con México, una caravana liderada por el poeta mexicano Javier Sicilia que llegará a Washington DC para pedir el fin de la guerra contra las drogas.
Unas 150 personas comenzaron su recorrido de casi 10.000 kilómetros tras reunirse en el "Parque de la Amistad", un árido territorio en la frontera entre San Diego (sur de California) y Tijuana (noroeste de México), atravesado por un disuasivo muro limítrofe que se prolonga 100 metros en el mar.
Organizada por el movimiento a favor de la despenalización de la marihuana Drug Policy Alliance y por el organismo de derechos humanos Global Exchange, con el apoyo de más de 100 organizaciones civiles estadounidenses, la Caravana por la Paz y la Justicia recorrerá más de 20 ciudades en 10 estados para llegar a Washington en un mes.
"Todo ha sido un terrible dolor desde la muerte de mi hijo y hemos hecho muchas locuras desde entonces", dijo el líder del movimiento, Javier Sicilia, refiriéndose a las marchas que inició en México tras al asesinato el año pasado de su hijo Juan Francisco en manos del crimen organizado.
Pero ahora que consiguió llevar al otro lado de la frontera su objeción a la "Guerra contra las drogas", decretada hace 41 años por el entonces presidente estadounidense Richard Nixon, el poeta siente más desazón que satisfacción.
"Ahora estamos aquí, intentando construir la paz y la justicia que nos han arrancado. Pero ojalá no hubiera sucedido. Ojalá mi hijo estuviera aquí y ojalá no hubiera esta maldita y estúpida guerra", dijo a la AFP.
El poeta fue saludado desde ambos lados de la frontera, en un acto de inauguración que tuvo lugar a los pies del intimidante muro divisorio. A través de la tupida malla que forma la verja, se podía ver a un centenar de personas participando en el acto desde el lado de Tijuana.
Del lado de San Diego, el público escuchó los discursos de Sicilia, del senador demócrata de California Juan Vargas y otros líderes comunitarios.
"Ojalá que un día estas rejas que son muy porosas para pasar drogas, dinero podrido y armas, dejen de ser tan crueles con la gente. Estas rejas son una vergüenza", dijo Vargas.
Los manifestantes llevaban carteles con fotografías y nombres de muertos y desaparecidos, con frases como "No más guerra contra las drogas" y "Estamos hasta la madre" -eslogan del movimiento del poeta Sicilia, que en México denota "estamos hartos"-.
Desde Tijuana, escuchados a través del muro gracias a los altavoces, hablaron familiares de las víctimas. "Por favor, escúchenos", dijo una mujer al poeta, que estaba sentado con las piernas cruzadas mirando hacia la valla. "Lleve nuestro mensaje, señor Sicilia, y que Dios lo bendiga".
Según los organizadores, la estrategia antidrogas del gobierno mexicano, financiada en parte por Estados Unidos, es responsable de los más de 50.000 muertos y miles de desaparecidos y desplazados que ha dejado la violencia del crimen organizado desde 2006.
"Estas políticas (antidrogas) han dañado severamente nuestras comunidades tanto en Estados Unidos como en México", dijo en su discurso Lei-Chala Wilson, presidente de la división de San Diego de la influyente Asociación para el Progreso de las Personas de Color (NAACP).
"La adicción es una condición médica tratable y es mejor tratar a los enfermos que encarcelarlos", aseguró Wilson.
"Estaremos con ustedes en cada paso de su recorrido", agregó la líder comunitaria estadounidense, dirigiéndose a los caravaneros mexicanos. "Somos más fuertes juntos que separados".
Los organizadores piden, además de una revisión de la política antidrogas, un mayor control del comercio de armas que, tras ser producidas en Estados Unidos, van a parar a manos de los carteles mexicanos.
El apolítico Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad fundado por Sicilia, así como la Drug Policy Alliance y la NAACP, sugieren que el problema de las drogas sea abordado desde un punto de vista de salud pública y no como un asunto judicial.
Sicilia, ganador en 2009 del premio de poesía Aguascalientes -el más prestigioso en México-, escribió sus últimos versos cuando su hijo de 24 años murió a manos del crimen organizado en marzo del año pasado.

