Medio Oriente

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03 de enero de 2013 • 19:22

Cifra de muertos en Siria no acerca una intervención

La cifra de muertos en Siria supera ya los 60.000, según Naciones Unidas. Otros 100.000 podrían perder la vida este año, advirtió el enviado de Naciones Unidas y la Liga Árabe, Lakhdar Brahimi. Sólo el miércoles fallecieron unas 220 personas.

Sin embargo, esas cifras contundentes no dan muestras de acabar con una guerra a la que asisten, divididas y desde lejos, las potencias extranjeras, aparentemente convencidas de que el riesgo de una intervención supera a cualquier posible recompensa.

Los sirios se dan cuenta de que están básicamente solos, y 21 meses después del inicio de las protestas contra el presidente Bashar al-Assad, inspiradas en otras revueltas de la Primavera Árabe, algunos de los civiles atrapados en lo que se ha convertido en una guerra civil están cerca de la desesperación.

"Es todo absurdo", dijo Adnan Abu Raad, un anciano abrigado con una bufanda contra el frío, mientras veía las tumbas cavadas para 11 personas muertas en un ataque aéreo el fin de semana en Azaz, una localidad siria en manos de los rebeldes situada cerca de la frontera con Turquía.

"Ni el Ejército de Siria Libre ni las fuerzas de Assad pueden protegernos. Las dos facciones se pelean entre sí, pero no muere nadie salvo los inocentes, los niños, mujeres y ancianos", afirmó.

Abu Raad tachó de hipocresía los intentos de mediación de Brahimi y su predecesor, Kofi Annan, y rechazó como ficticias las noticias de que haya ayuda exterior, aunque sea limitada, para la rebelión contra Assad. "Nadie nos ha mandado ni una bala. Es todo mentira", afirmó.

Algunos países occidentales han prestado lo que describen como ayuda no letal a los rebeldes, mientras que algunos medios indican que varios estados árabes han enviado armas, en su mayoría a través de Turquía. Los combatientes se quejan de falta de munición incluso para las armas que consiguieron.

Brahimi dijo el sábado que sin una salida negociada, Siria podría parecerse pronto a Somalia, un estado fallido plagado de señores de la guerra que desestabiliza a sus vecinos. Pero la opositora Coalición Nacional descarta conversaciones hasta que Assad no se vaya, mientras que el líder sirio asegura que no cederá ante sus enemigos.

Los insurgentes han tomado amplias zonas en el campo al norte y el este, y controlan partes de Aleppo, la mayor ciudad del país, y varios suburbios de Damasco, la capital.

Pero la base de poder de Assad está más cohesionada que la de sus divididos rivales. Controla a las fueras armadas, utilizando potencia aérea y artillería pesada para contener los avances rebeldes o para atacar cualquier pueblo o barrio que se escapa de su control.

ARMAS QUÍMICAS

Ante el lento avance de la guerra, el fin del derramamiento de sangre no parece a la vista. El resto del mundo parece impotente.

Muchos sirios de ambos bandos han concluido que al fijar el uso de armas químicas como "una línea roja", Washington básicamente ha dado inmunidad a Assad para utilizar cualquier otra cosa.

Tras salir de Irak y pronto de Afganistán, Estados Unidos y sus aliados europeos no muestran apetito de otra aventura similar, ante una Siria que se cree es más propensa a convertirse en un lodazal como Irak que un caso casi de éxito como Libia.

Por su parte, Rusia y China han vetado tres resoluciones del Consejo de Seguridad sobre Siria, temiendo que lleven a sanciones o una intervención extranjera para derrocar a Assad.

La chií Irán se opone con firmeza a cualquier operación contra su principal aliado árabe. También el Gobierno iraquí, con líderes chiíes, teme las consecuencias de una victoria de los rebeldes de mayoría suní sobre Assad y su minoría alauí, una rama del islam chií.

Los nuevos líderes islamistas de Egipcio han pedido la salida de Assad, pero el estado árabe más poblado tiene sus propios problemas políticos y económicos y no está en condiciones de poner manos a la obra.

Turquía, que se volvió rápidamente contra su antiguo aliado sirio y durante meses habló de una posible zona de exclusión aérea en Siria, también ha dicho que no intervendrá de forma unilateral.

Ahora, preocupada por las armas químicas sirias, un creciente flujo de refugiados y el apoyo sirio a los milicianos kurdos, Ankara se está centrando más en instar a sus aliados a prestar más ayuda a los rebeldes.

Las predicciones realizadas en las últimas semanas por algunos líderes occidentales que esperaban una caída inminente de Assad no se han cumplido.

Y mientras se alarga la guerra, los enterradores de Azaz y muchas otras zonas de conflicto en Siria se mantendrán ocupados.

(Información adicional de Nicholas Tattersall en Estambul y William Maclean en Dubai; Escrito por Alistair Lyon)

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