El muro, cuya construcción fue aprobada en 2008, es el último capítulo de una creciente tensión entre los habitante de la localidad y la minoría gitana que vive en un asentamiento cercano.
La prensa local e internacional se ha referido al asunto como un nuevo Muro de Berlín, justo cuando se cumplen 20 de la caída del símbolo de la división de Europa.
'No soy racista', aseguró Cyril Revákl alcalde de la localidad, al diario Sme, 'sé que hay mucha gente decente viviendo entre nuestros gitanos'.
'Pero, por otra parte, no deseo a nadie tener que pasar por un infierno diario, como la gente que vive en la cercanía del asentamiento', aseguró el regidor.
La principal acusación contra los vecinos gitanos por parte del resto de vecinos se refiere al frecuente robo de fruta de los jardines privados.
Otros episodios más violentos terminaron con un vecino muerto y otro herido, a manos, según la prensa eslovaca, de miembros de la comunidad romaní.
Además, el pueblo ha sido escenario de manifestaciones de grupos de extrema derecha para denunciar lo que califican de 'terror gitano' en el este de Eslovaquia.
Los gitanos han denunciado la construcción de un Muro de Berlín.
'¿A quien ayuda?, ni a los payos ni a los gitanos. Estamos como en un zoológico', denuncio un miembro de la minoría, según el diario The Slovak Spectator.
Desde el Gobierno, la Oficina del Representante para Comunidades Romaníes ya ha anunciado que la construcción del muro será investigado por la Fiscalía y ha exigido a las autoridades locales que cooperen con los trabajadores sociales para aliviar la tensión.
Ludovít Galbavy, responsable de esa oficina, ha asegurado que la edificación del muro puede ser clasificada como 'discriminatoria'.
Por su parte, Stefan Sarkozi, del Instituto de Política Pública Romaní, denunció que el muro pone a todos los habitantes del asentamiento dentro de la categoría de ladrones y planteó si el siguiente paso será impedirles que abandonen el asentamiento.
'Si alguien roba, él o ella debe ser castigado por ello, pero no deberíamos castigar a toda la comunidad', exigió Sarkozy.