
Ella ha dicho en muchas ocasiones que, al contrario de lo que pasó con la exprimera dama Hillary Clinton, no tiene la más mínima intención de entrar en política. Sin embargo puede decantar las elecciones presidenciales de noviembre. De hecho, si se repasan sus cifras de popularidad queda constancia de que no le iría mal.
Según un estudio de Gallup, su popularidad es tal que ni su marido, presidente de EEUU y candidato demócrata a la reelección, ni su rival, el aún no proclamado candidato republicano Mitt Romney, son capaces de hacerle sombra. En concreto, en un momento en que Obama y Romney empatan en un 46% de intención de voto y un 47% de valoración según la consultora Gallup, ella ha mantenido una popularidad media del 66% durante los dos últimos años.
La primera dama fue duramente criticada durante la campaña presidencial de 2008, pero su perfil esquivo con los asuntos polémicos parece haber dado resultado. Ella se dedica sólo a la función benéfica, a las campañas de concienciación, por ejemplo contra la obesidad infantil o en favor del ejercicio físico, o a cuestiones con tanto valor en Estados Unidos como las familias y el entorno de los militares.
Por eso la primera dama ha intensificado su perfil público según la campaña ha avanzado: ocho actos en una semana, más de uno al día y, según auguran los expertos, un papel protagónico en la convención demócrata de septiembre.
Las galletas dirimirán la contienda
Su popularidad no es nueva. En abril de 2009 cosechaba un 79% de aprobación, una cifra que en más de cuatro décadas sólo Laura Bush eclipsó en 2005 y la ahora secretaria de Estado Hillary Clinton pudo igualar con su reacción por la infidelidad confesa de su marido, el entonces presidente Bill Clinton.
En 2010, cuando el halo del presidente Obama comenzaba a desvanecerse en pleno estancamiento de las guerras de Irak y Afganistán y con la reforma sanitaria en serio peligro, ella conservaba un 66% de popularidad, muy por encima del 52% de su marido y del entonces menos conocido a nivel nacional Mitt Romney, con un 36%.
La 'rival' de Michelle Obama es Ann Romney, un perfil muy diferenciado al suyo: cinco hijos, dieciocho nietos, 63 años y peso en las redes sociales, donde maneja una cuenta de Twitter con más de 56.000 seguidores. Pese a ello su tasa de aprobación apenas llega al 30%, según Pew Research, fundamentalmente porque no se ha prodigado durante la campaña.
Pero la pelea definitiva entre ambas será culinaria: las galletas con chispas de chocolate de la primera dama contra las de mantequilla de cacahuete de la esposa del candidato republicano en un tradicional concurso en el que las votantes son amas de casa.
