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20 de septiembre de 2012 • 08:43 • actualizado a las 10:06

La reunión de Mas y Rajoy, contada como un 'elige tu propia aventura'

Mariano Rajoy y Artur Mas, en su última reunión.
Foto: MONCLOA
 

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Las reuniones de alto nivel entre políticos suelen deparar pocas sorpresas: se sabe qué temas tratarán, se miden las palabras en las comparecencias posteriores y se guardan unos sanos niveles de corrección y contención. Pero la reunión que hoy mantendrán Rajoy y Mas es posiblemente la más previsible de cuantas reuniones importantes se hayan visto en mucho tiempo: el president catalán pedirá y el presidente del Gobierno dirá que no. Lo que no es tan previsible es lo que suceda una vez termine el encuentro.

Hay dos factores políticos que acercan la ruptura. El primero es que ninguna formación necesita a la otra: el PP tiene una holgada mayoría absoluta en Madrid y CiU, con su giro independentista, puede ganar el apoyo de formaciones como Esquerra o Solidaritat aunque pierda el del PP. El segundo es que a ambos mandatarios, desgastados por los recortes y acuciados por la crisis, les viene bien tener un 'enemigo' contra el que dirigir el descontento de sus votantes: las bases del PP criticarán el discurso nacionalista catalán y las bases de CiU atacarán la postura inmobilista del Gobierno.

Por si fueran pocos mimbres para adivinar qué pasará en la reunión, ambos 'contendientes' han fijado ya sus posturas. Rajoy explicó ayer en la sesión de control del Congreso que no está de acuerdo con el modelo de financiación propuesto por CiU y Artur Mas anunció que no comparecería en Moncloa, sino en la sede del Govern catalán en Madrid. La independencia empieza por el lugar donde se da la rueda de prensa.

¿Qué pasará después de la reunión?

Hay dos posibilidades. La más remota es que haya algún tipo de acuerdo. Artur Mas, antes de teñir de independentismo su discurso tras la multitudinaria manifestación de la Diada, lo que quería era un pacto fiscal que posibilitara la creación de una Hacienda catalana que aliviara su situación financiera y evitar pedir un rescate. Rajoy podría mostrarse dispuesto a negociar e intentar desactivar así la respuesta soberanista que motiva la negativa del Gobierno.

La cuestión sería entonces ganar tiempo. Si Rajoy acepta negociar podría contener a Artur Mas, que quizá relajaría su tono y volvería a centrarse únicamente en conseguir el pacto fiscal. Sin embargo parece poco probable que pudieran alcanzar un acuerdo en ese sentido, que probablemente tendría un efecto contagio a otras comunidades, similar al que tuvo hace unos años la renovación del Estatut catalán con una cascada de reformas de Estatutos en todo el país.

Lo más probable sin embargo es que no haya acuerdo o que, si lo hubiera, acabaran fracasando las negociaciones. En ese caso Artur Mas podría seguir adelante con la legislatura, continuar con los ajustes y azuzar a sus votantes a la vez contra el Ejecutivo central. El problema es la incoherencia que supondría pedir la independencia a la vez que se solicita un rescate económico al país del que quieres separarte. Por si acaso el Govern ya vistió esa petición de una reclamación de dinero que "pertenece a Cataluña", por el que "no vamos a dar las gracias".

Elecciones anticipadas

La otra opción, que ya se maneja como casi segura, es que se convoquen elecciones. En los mentideros de CiU se comenta y en el PSC toman posiciones. El Govern se arriesgaría a que sus votantes no independentistas les castigaran y que, además, sus recortes en estos dos años de gestión les pasara factura. Por contra tienen la ventaja de que sus principales rivales, los socialistas, están en un proceso de reforma interna y no tienen ni siquiera candidato.

Tras esas hipotéticas elecciones habría tres posibles escenarios. El primero, que CiU gane con mayoría absoluta. Posiblemente iniciaría un planteamiento unilateral, similar al que Ibarretxe puso en marcha años atrás. Como entonces, el Parlament lo aprobaría con holgada mayoría y al llevarlo al Congreso sería rechazado, también como entonces. Y vuelta a empezar.

El segundo escenario, menos probable, es que CiU perdiera las elecciones. Sería menos probable porque el PSC está en plena travesía por el desierto y porque, aunque diera para resucitar un tripartito, parece poco probable que un PSOE cuyo secretario general se ha posicionado contra la independencia pacte con formaciones como ERC.

El tercer escenario, mucho más probable, es una mayoría simple de CiU. Y ahí Artur Mas tendría que tomar una decisión que abriría un camino diferente. O gobierna en minoría, con la estabilidad que eso conlleva, o pactar. ¿Y con quién? Con el PP como ahora parece difícil y, por tanto, también sería difícil pactar con Ciutadans. La opción sería el PSOE, consiguiendo una amplia mayoría que, además, serviría para un doble fin: suavizar el discurso de Mas y, a la vez, sentar las bases de un posible futuro pacto en las próximas generales.

Hay otra variable, la que rizaría más el rizo: que tras esas hipotéticas elecciones adelantadas en las que, también hipotéticamente, Mas gana con mayoría simple, CiU pactara con los partidos soberanistas. Así CiU, de centro-derecha, compartiría votos con formaciones de izquierda como Esquerra o con otras abiertamente independentistas como Solidaritat.

Esa situación supondría renunciar a la ideología para apostar por la vía de la independencia, por un paso más en esa "transición nacional" que proclamó el president. Y traería, muy probablemente, consecuencias más serias para la partida de ajedrez que hoy vivirá un giro determinante, aunque empezó meses atrás.

Sigue la reunión a través de Terra Noticias y Terra En Vivo

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