¿Qué le interesa más al lector que se topa con una noticia sobre Paris Hilton? ¿Su condición de heredera de uno de los principales gigantes hoteleros, o sus locas aventuras y juergas nocturnas en las fiestas más 'snob' de Bevery Hills?
Los escándalos sexuales salpican cada vez más a los famosos, perjudicados muchas veces por asuntos turbios e inconfesables que son, a su vez, un tentador caldo de cultivo para los medios de comunicación.
Recientemente, el director de obras maestras como 'La semilla del diablo' o 'Repulsión', Roman Polanski, se convertía en el centro de todas las miradas, aunque no sólo de aquellas cinéfilas. El cineasta era detenido en Zurich por haber mantenido, treinta años atrás, relaciones sexuales con una menor de 13 años en la mansión del actor Jack Nicholson. Polanski había volado a esta ciudad suiza para recoger un premio que le otorgaba un festival de cine. Fue arrestado en el mismo aeropuerto.
Muchos son los nombres de la 'gran pantalla' que han sido pillados 'in fragantti'. El actor británico Hugh Grant fue cazado hace catorce años 'con las manos en la masa' haciendo uso de los servicios de una protituta en su propio coche. Grant pasó una noche en comisaría y tuvo que enfrentarse a cargos por haber mostrado una conducta depravada. Desde el incidente, la popularidad del protagonista de 'Notting Hill' y 'Love Actually' cayó en picado.
Soon Yi es el nombre de la hijastra y posteriormente esposa del célebre cineasta y clarinetista, Woody Allen. El cómico director popularizó un episodio mediático que traspasó fronteras y que le costaría un duro golpe a su reputación. Yi, hija adoptiva de Allen y de la actriz Mia Farrow, fue el centro de discordia de una agria y aireada batalla que acabó con la boda del cineasta y la joven asiática.
Y del séptimo arte, a la política. ¿Quién no recuerda la escabrosa historia entre el, por entonces, presidente estadounidense, Bill Clinton, y la becaria de la Casa Blanca, Monica Lewinsky? Corría el año 1995 cuando el llamado 'Escándalo Lewinsky' cambiaría para siempre la imagen pulcra e impoluta del mandatario estadounidense, quien acabó confesando la veracidad de los hechos ante las evidentes pruebas presentadas por su amante.
A un paso de Washington aunque con con más de una década de diferencia, el gobernador en 2008 del estado de Nueva York, Eliot Spitzer, protagonizó otra de las noticias más sonadas de la esfera política norteamericana. Spitzer anunciaría su dimisión el 17 de marzo de ese mismo año tras un escándalo relacionado con la contratación de prostitución de lujo.
Otro escándalo sexual que ha llenado páginas de prensa este mismo año es el del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Separado recientemente de su mujer tras publicarse su supuesta relación con una menor de edad, Noemi Letizia, sus escarceos no parecen acabar aquí: los encuentros con una prostituta de lujo, Patricia d’Addario, y las fiestas ‘subiditas de tono’ en su lujosa villa mediterránea de Cerdeña han perjudicado duramente la imagen ‘políticamente correcta’ de 'Il Cavaliere'.
No hay duda de que las historias escabrosas venden, y mucho. El público siente cada vez más curiosidad por conocer los rincones más inaccesibles de la intimidad de los famosos, sobre todo si el comportamiento de éstos ha sido inapropiado, indecente u obsceno. El ámbito del deporte, y en concreto aquel que más masas mueve en el mundo, el fútbol, ha contado con jugadores envueltos en historias sorprendentes y casi inverosímiles, como la del brasileño Ronaldo. Andréia Albertini, un travesti de 22 años, fue acusado de extorsión a raíz deñ escándalo que protagonizó cuando el jugador le contrató junto a otros dos prostitutos. Ronaldo reconoció ante los medios haberles contratado creyendo que eran mujeres y accedió a pagarles.