Los coleccionables tienen una larga tradición en nuestro país. En un principio eran obras impresas exclusivamente, ya fuese en fascículos que una vez finalizada la colección había que llevar a encuadernar, o bien en volúmenes completos. Sin embargo, desde esos primeros coleccionables el mercado ha evolucionado mucho.
La facturación editorial de los coleccionables de quiosco alcanza alrededor de los 150 millones de euros, sólo en el mercado interior. Y aunque a través de las editoriales podamos comenzar una colección cuando queramos, se trata de un sector ‘de temporada’, en la que los quioscos de prensa y puntos de venta editorial se ven invadidos por una auténtica avalancha de obras coleccionables de la índole más variopinta.
Así como podemos adivinar que se acercan las navidades cuando en la televisión todos los anuncios son de juguetes y colonias, septiembre es el mes del coleccionable. Este año parece que la estrella (al menos televisiva) es una maqueta del Titanic, una reproducción de 107 centímetros de longitud en madera de abedul y acabados en metal.
Pero no faltarán estrellas de otros años como la colección de rosarios, que la temporada pasada se agotó en los quioscos, varios cursos en fascículos de confección, ya sea de croché, ganchillo, tricotar o punto de cruz, o los relojes de época.
Sin embargo, el mercado está lleno de rarezas. La vajilla de porcelana con motivos de Disney, la guía de setas ibéricas, los anuncios ‘retro’ de Coca-Cola, la colección de mecheros, instrumentos musicales en miniatura o la colección de ejemplares reales de mariposa serán algunas de las que podremos ver este año en nuestro quiosco.