FICHA DEL FESTEJO.- Cinco novillos de Hermanos Martínez Pedrés y uno, el cuarto, de Salvador Guardiola, bien presentados aunque con desigualdades, los tres últimos con cuajo y hechuras de toros. A excepción del tercero, en el conjunto predominó la nobleza, sobresaliendo el sexto por su bravura y 'transmisión'.
Pedro Marín: pinchazo hondo, estocada corta y cuatro descabellos (silencio tras aviso); y estocada (oreja tras aviso).
Pascual Javier: estocada caída a capón (oreja con escasos pañuelos, aunque sin protestas en la vuelta al ruedo); y pinchazo y casi media estocada (silencio).
Antonio Hernández: dos pinchazos y estocada barrenando al tiempo de huir (silencio); y pinchazo saliendo trompicado y estocada corta (palmas en la despedida).
En cuadrillas, José Manuel Montoliú saludó tras parear al sexto.
La plaza tuvo media entrada en tarde agradable, aunque con ligeras rachas de viento que se dejaron notar en el ruedo.
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NOVILLEROS POCO HECHOS
Pedro Marín tiene predicamento en Valencia, pues aquí resultó herido de carácter gravísimo en el otoño de hace dos años, y en este mismo escenario, en la reaparición, cinco meses después, alcanzó un notable éxito. Hoy ha firmado los mejores pasajes del festejo.
Su primero dio poco de si, defendiéndose mucho. Marín lo había toreado bien a la verónica, en uno de los pasajes más bonitos que iba a tener la tarde. Pero en la muleta se paró el astado tras una primera tanda a derechas. También contó el viento como dificultad añadida. No obstante, todavía logró el torero algún pase suelto que mereció la pena, ganándole la acción al novillo en el cite al pitón contrario. Al final el fallo a espadas dejó al público sin pronunciarse.
En el cuarto, algún muletazo de buen son, con gusto y temple. Aunque muchas desigualdades a lo largo del trasteo. El novillo, bajo de raza, reservón y sin clase. Fue buena la intención del novillero a pesar de que al conjunto le faltó unidad. Sonó el aviso mientras toreaba. Pero terminó cortando la oreja.
El primero de Pascual Javier tuvo buena condición, y tardó en enterarse el novillero, destemplado y al aire del novillo, que no dejaba de embestir. Siempre fuera de cacho y acompañando las embestidas, Javier dio muchos pases sin dejar ningún poso. Le dieron una oreja que le puede perjudicar más que beneficiar de cara al futuro, pues al fin y al cabo un triunfo en plaza 'de primera' le va a crear expectativas que difícilmente podrá alcanzar dado el estilo y ánimo mostrados.
El quinto, rebrincadito al principio, y venido abajo pronto, tuvo pocas pero nobles embestidas. Con menos peligro que el carretón, a Pascual Javier, sin embargo, le sirvió de poco.
Inexplicable lo de Antonio Hernández, novillero ya talludito, con treinta años cumplidos y todavía por aprender el oficio. Se supone que su afición es grande, la única manera de justificar que todavía siga en la lucha.
En Fallas fue herido de carácter grave. Y hoy ha vuelto, quizás por el compromiso de la empresa de darle otra oportunidad que entonces no fue tal. Lo duro es verle en la cara del toro. Incapaz, más que medroso, falto de facultades y atenazado por las dudas, su primera faena fue un constante quiero y no puedo. También el novillo, basto y bronco, tuvo sus dificultades. Y el viento. Demasiadas cosas en contra para Antonio Hernández, que se quitaba cada vez que le venía el novillo.
Sin embargo, sorprendente lo que le hizo al sexto, un buen ejemplar que se desplazaba largo y humillado por los dos pitones. Por un momento fue capaz de quedarse quieto, en dos tandas por el derecho de mucha emoción. Bajó la mano y lo llevó muy toreado. Nada que ver lo anterior con esto.
Pero sin continuidad. El novillo iba todavía mejor por el izquierdo, y ahí no fue capaz el novillero. Sin duda se manejaba mejor ayudándose con la espada. La faena fue a menos, desarme incluido en las postrimerías. Y otra vez, mal al matar.
Por Juan Miguel Núñez