'La llegada del ser humano a la Luna fue un hito histórico que debe ser celebrado con orgullo y no relegado al oscuro baúl de los misterios', ha dicho a Efe Fernández, quien ha dedicado su libro 'tanto a las propias teorías de la conspiración como a las fuentes originales y sus mentores'.
'La conspiración lunar ¡vaya timo!' es, según su autor, 'un libro divulgativo que pretende despertar el pensamiento crítico y racional en el lector, una obra dirigida a todos los públicos, ideal para adolescentes y personas que tienen dudas al respecto.'
En el primer capítulo se hace 'un esbozo de la conquista lunar, una breve descripción histórica de cómo las misiones 'Apollo' llevaron a los primeros hombres a suelo selenita' para, en el segundo capítulo, presentar 'los principales nombres que pueden encontrarse en el panorama del fraude, los que defienden la idea de la conspiración', Bill Kaysing, David Percy y Bart Sibrel.
También dedica unas letras a algunos españoles, como Santiago Camacho, Íker Jiménez y J.J. Benítez, y se repasan sus libros, sus artículos, documentales, programas, y estrategias de difusión.
En el tercer capítulo hace una selección de los cientos de propuestas de los amantes de la conspiración, de las que ha seleccionado cincuenta, algunas relacionadas con argumentaciones ya conocidas como que 'la bandera ondea, no hay estrellas en el cielo, sombras imposibles...'
Cada una de estas hipótesis es analizada por Fernández 'bajo la lupa de la ciencia y de la razón, para demostrar que carecen de sentido, que adolecen de algún tipo de error en su presentación.'
Ninguna de estas cincuenta hipótesis 'llega a la categoría de prueba, pues son falaces por una u otra razón' y cada refutación 'se complementa con citas, imágenes y referencias a las fotos y vídeos oficiales de la NASA, para que cualquier lector pueda verlo en su propia casa si lo desea.'
Tras echar por tierra estas cincuenta hipótesis, Fernández ofrece pruebas contundentes que respaldan la veracidad de las misiones Apollo, entre otras los espejos dejados en la Luna para medir con precisión mediante un láser la variable de la distancia desde la Tierra, los casi 400 kilos de rocas traídos a la Tierra y la postura de los soviéticos, que nunca denunciaron falsedad en los viajes, cuando eran los primeros interesados en que así fuera.