Rosa, Rosa María o simplemente 'Calaf’ –como ella suele firmar- desprende naturalidad y modestia por cada poro de su piel. Recién premiada por la Asociación de la Prensa de Madrid, conversar con ella es recibir una clase de periodismo privilegiado, toda una lección de sabiduría -no sólo profesional sino de la propia vida- que abarca casi cuatro décadas de múltiples escenarios a lo largo y ancho del planeta.
Fiel a su particular estilo de cabello rojizo y mechón blanco, esta reportera catalana, jubilada desde el pasado diciembre a causa del ERE de TVE, ha pisado innumerables terrenos bélicos con la intención de ser los ojos de todos aquellos que no pueden estar allí: ‘Estoy sorprendida con la acogida que he recibido a la vuelta. No me esperaba para nada que fuera así porque no me parecía que simplemente dando noticias iba a tener este recibimiento tan cálido'.
A pesar de haber dicho adiós a toda una etapa de éxitos y reconocimientos, a esta periodista no han parado lloverle las ofertas desde que ha aterrizado: 'me han ofrecido desde dar clases de periodismo hasta actos solidarios, festivales literarios o de cine. Si puede ser más o menos útil lo que yo pueda contar creo que tengo la obligación de hacerlo. Haga lo que haga tendrá que ver con viajar, eso seguro'.
Esta ‘Willy Fog’ de espíritu imparable ha sido el rostro de múltiples corresponsalías a lo largo de su extensa carrera profesional: Nueva York, Buenos Aires, Canadá, Viena, Roma y, en su última etapa, la franja Asia-Pacífico. Más de medio planeta que se traduce en una riqueza descomunal de culturas, lenguas, costumbres y regímenes políticos: ‘las corresponsalías son como una gran familia porque pasas muchísimas más horas con el equipo que en tu propia casa'.
De todos sus años en el extranjero se ha llevado vivencias, experiencias –como la de toparse con Frank Sinatra en una pizzería y ponerse a hablar con él- altas dosis de aprendizaje y sobre todo, personas a las que no olvidará jamás. Lugares muy variados con distintas idiosincrasias, aunque no todos idílicos para vivir: ‘No me importaría tener una casa en Roma o Buenos Aires, pero eso sí, en China no me busquéis. En realidad, donde mejor me encuestro es aquí, si puede ser cerca del Mediterráneo'.
Rosa María Calaf ha sentido la inseguridad en la piel en no pocas ocasiones, pero el peligro que se palpa en el campo de batalla no ha paralizado nunca sus ansias por ofrecer noticias recién ‘sacadas del horno’: 'La vez que hemos podido estar más cerca de la muerte quizás haya sido en Timor, una pequeña isla del sur de Indonesia, donde murió el compañero del Finantial Times. Allí sí que tuve mis dudas de qué iba a pasar'.
Clara y directa en sus respuestas, Calaf diseña una minuciosa radiografía de todos aquellos conflictos, personalidades y situaciones límite por las que se le pregunta; entre ellas, los fraudes electorales de Irán que han provocado numerosas protestas internacionales: 'La verdad es que no me sorprenden lo más mínimo, porque Ahmadineyad y los suyos no están nada dispuestos a perder su posición y van a intentar mantenerse. Lo que me parece que debe apoyarse en este momento son esos movimientos que intentan sacudir esa represión que sufre el país'.
Sin embargo, si se le pregunta por volver a sentir la adrenalina del riesgo y las ganas de ponerse al filo de la noticia, no duda en expresar el buen momento por el que pasa tras su vuelta en España: ‘Por ahora no tengo mucha nostalgia porque acabo de llegar, aunque sí eche de menos a las personas pero no tanto el hecho del cámara en abstracto'.
Luchadora en sus palabras y actos hasta la saciedad, Rosa María es consciente del cambio que ha sufrido la profesión y arremete contra ese 'nuevo concepto' de periodismo que circula por ahí: 'el periodismo es mucho más que un trabajo; es casi una misión que tiene una responsabilidad social y no se puede ir pensando simplemente en el éxito porque sí. Es un servicio y hay que tener cuidado con la información porque es un bien muy frágil y cada vez se tiende más al infoentretenimiento'.
Espíritus como el de Calaf nunca se detienen porque, simplemente, son incansables. De hecho, a pesar de todas las experiencias vividas, todavía le quedan algunas muy interesantes por hacer: 'algo que no haya hecho aún...Me gustaría retransmitir desde la estación espacial. Si tuviera dinero no dudaría en hacerlo'.