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Los relatos de Millás en tu móvil

Jueves 2 de Julio de 2009 12:00
Terra Noticias Gonzalo Izquierdo / Vídeo: Miriam González
Conversaciones con el escritor y periodista 

Juan José Millás: "La belleza es un efecto secundario de la eficacia" 

Para acceder al lugar de trabajo en el que Juan José Millás libra su personal batalla con el lenguaje hay que subir una escalera de madera en la que cada peldaño nos acerca un poco más al singular mundo que puebla la imaginación del autor.

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Juan José Millás (Agencia: EFE)

"La literatura y la realidad son dos territorios autónomos, cada uno tiene sus propias leyes aunque las relaciones entre ambas son muy intensas"

"Me interesa no tanto introducir elementos extraños en la vida cotidiana como tomar por extraños elementos de la misma"

"Hay tantos modelos de cuentos como de cuentistas"

"Me enfrento a cada columna con el mismo miedo con el que me enfrenté a la primera"

Al final de esa escalera hay una habitación abuhardillada en la que la luz inunda estanterías repletas de libros. Su despacho se encuentra en el rincón de un espacio que evidencia la condición de lector voraz del autor de novelas como ‘La soledad era esto’. En las distancias cortas, la mirada de Millás parece revelar esa curiosidad insaciable que le lleva a observar la realidad desde un ángulo que permite ver más allá de las apariencias. El contenido de sus palabras deja claro su condición de narrador contumaz, su capacidad para elegir la palabra perfecta para decir aquello que quiere expresar.

Terra: En numerosas ocasiones, has señalado que el texto literario es el resultado de la tensión entre lo que quiere decir el escritor y lo que el propio lenguaje expresa. ¿Ha cambiado a lo largo de los años tu relación con la palabra entendida como instrumento de trabajo? ¿Se llega en algún momento a "domesticar" el lenguaje?

Juan José Millas: Creo que, con el paso del tiempo, uno escucha cada vez más lo que quiere decir el lenguaje pero, lo que pretende decir en segunda instancia, porque lo que dice en primera instancia por lo general es una tontería. Si escuchas lo que quiere decir en segunda y tercera instancia resulta que hay cosas muy inquietantes, de manera que si uno es capaz de permanecer atento y ser humilde frente a la escritura, a veces cae en la cuenta de que el lenguaje es mucho más inteligente que uno mismo.

T: ¿Qué encuentra Millás en la frontera que separa la realidad de la construcción literaria? ¿En qué se diferencian ambas?

J.J.M.: La literatura y la realidad son dos territorios autónomos, cada uno tiene sus propias leyes aunque las relaciones entre ambas son muy intensas. Lo que separa a la realidad de la literatura es que todo lo que sucede en la realidad es azaroso; nosotros vivimos como si nuestra propia vida fuera el resultado de una planificación pero esa planificación cada día se rompe con una simple llamada telefónica, mientras que todo lo que sucede en el territorio de la literatura debe ser necesario.

T: ¿Cómo se plantea Millás el acto de escribir? ¿Cuánto hay de improvisación y cuánto de rutina metódica?

J.J.M.: Hay novelistas que, antes de empezar a escribir una novela, ya tienen un desarrollo, incluso una sinopsis de cada uno de los capítulos.  Yo empiezo a trabajar a partir de una obsesión, a partir de una idea que me ha atrapado. Si me ha atrapado pienso que tiene algún significado para mí y entonces empiezo a darle vueltas. Nunca sé qué va a pasar en la página o en el capítulo siguiente, tampoco sé cómo va a terminar. Escribo en gran medida para saberlo.

T.: Y esa incertidumbre, ¿No crea cierto desasosiego? ¿O quizás ahí reside la parte más interesante del proceso creativo?
 
J.J. M.: Ese desasosiego forma parte de la aventura y es lo que da sentido a la experiencia, lo que la hace intensa. Yo no me imagino escribiendo una novela cuyo final ya conozco, me aburriría muchísimo. Es un trabajo de averiguación en el que ese miedo a que la novela no llegue a ninguna parte es lo que constituye el estímulo para seguir escribiendo.

T.: ¿Debe la literatura cuestionar el estatus de lo "real"?

J.J.M.: Creo que dar a la literatura obligaciones, decir que debe hacer esto o lo otro, siempre es malo porque supone reducir la literatura, que en la medida en que representa la realidad, también la pone en cuestión. La literatura con mucha frecuencia es también compromiso político, compromiso social…la literatura es muchas cosas pero asignarle una misión siempre es reducir y en las épocas en las que se le ha asignado una tarea concreta, esa literatura “al servicio de” no ha resultado. Por eso tiene tan mala fama la literatura de tesis, con la cual se produce una contradicción curiosa: las novelas de tesis son malas pero también es cierto que todas las novelas buenas son inevitablemente novelas de tesis.

T.: Ha hablado antes de ideas que le obsesionan y que le sirven de motor para escribir. ¿Es la identidad del individuo uno de esos temas recurrentes? ¿Qué tienen en común los personajes de tus novelas y relatos?

J.J.M.: Sí, la identidad es uno de los asuntos que atraviesa toda mi obra porque es un trasunto de la construcción de la realidad. Generalmente, nos relacionamos con la realidad como si fuera algo dado e inamovible y lo que llamamos realidad es una construcción. También la identidad es, en ese sentido, una construcción. La relación entre uno y la realidad es la relación entre dos construcciones que se pueden modificar.

Por lo que se refiere a los elementos comunes de mis personajes, la preocupación por la identidad, la pregunta por quiénes son, la extrañeza frente a un mundo que no comprenden o la perplejidad frente al exterior son algunas de las cosas que tienen en común.

T.: ¿Le interesa la introducción de elementos ‘"extraños" o extraños en la vida cotidiana?

J.J.M.: Me interesa no tanto introducir elementos extraños en la vida cotidiana como tomar por extraños elementos de la misma, es decir, mirar la vida y los acontecimientos familiares de tal manera que parezcan raros porque creo que la realidad es muy rara y la gente normal es rarísima.

T.: ¿Qué diferencias y qué semejanzas hay entre escribir un cuento y una novela?

J.J.M.: Lo que cambia fundamentalmente es la actitud psicológica frente a ese trabajo. No es lo mismo trabajar en una novela que nos va a llevar dos o tres años de nuestra vida, que es un trabajo de disciplina, que escribir un cuento que lo vas a liquidar en dos o tres días, en dos semanas como mucho. El resto es lo mismo: cómo organizo los materiales, cómo los articulo y cómo los jerarquizo.

T.: ¿Qué características debe tener el cuento perfecto?

J.J.M: Hay muchas fórmulas de cuento perfecto. Por ejemplo, los relatos de Cortázar no se parecen en nada a los de Hemingway y ambos autores tienen cuentos perfectos. Hay tantos modelos de cuentos perfectos como de cuentistas. Qué tiene que ver, por ejemplo, Carver con Salinger y en ambos casos han construido cuentos perfectos. Creo que no hay un modelo y que cada cuento lleva dentro de sí su propia poética, y a eso es a lo que tienes que atenerte cuando escribes. Las leyes, en eso caso, no vienen de fuera del cuento sino de dentro del mismo.

T.: ¿Qué exigencias plantea la escritura de un cuento?

J.J.M.: Por su brevedad, el cuento es mucho más exigente respecto a la precisión con la que debe funcionar. Se compara muchas veces la maquinaria de un cuento con la de un reloj. No hay cosa más bella que la maquinaria de un reloj pero el relojero nunca pretendió que fuera bella, pretendió que fuese eficaz.

La belleza es un efecto secundario de la eficacia porque todos sus materiales están al servicio de algo. En el cuento sucede algo similar: si un cuento es bello es porque es eficaz, porque todos sus materiales están al servicio de algo, del mismo modo que en la maquinaria de un reloj. Sería absurdo que a un relojero le preguntásemos para qué sirve esta rueda dentada y nos respondiese que “está ahí de adorno”. El relojero lo que quiere es construir una máquina de enorme precisión que ocupe el menor espacio posible. Y esto mismo es un cuento.

T: En la sección de microrrelatos que tiene en ‘La Ventana’, ¿Le suelen sorprender los relatos enviados por los oyentes?

J.J.M.: Como llevamos mucho tiempo y llegan muchas cosas, de vez en cuando mandan perlas y lo más sorprendente es siempre la capacidad de decir mucho en muy poco. Estos relatos suelen ser de diez líneas, con frecuencia de cinco u ocho. Muchas veces nos sorprende que, en una sola frase, sean capaces de encerrar un mundo. Recuerdo un relato de un chico que luego conocimos y que he citado muchas veces porque me parece que es una obra maestra. Era un relato de terror que decía simplemente: “Cierra los ojos, todo lo que ves es mío”. Es fantástico.

T.: ¿Y qué supone para Juan José Millás el periodismo? ¿Qué desafíos plantea la escritura semanal de su columna en El País? ¿Y su trabajo en reportajes?

J.J.M.: Es un trabajo muy excitante porque supone levantarse todos los días sabiendo que hay algo externo que te obliga a escribir y a mantener la guardia muy alta. Me enfrento a cada columna con el mismo miedo con el que me enfrenté a la primera. No hago ninguna columna por oficio, en todas intento hacer una pirueta o un salto mortal y muchas veces naturalmente me estrello, pero he comprobado que el lector aprecia más una columna fracasada en la que has corrido algún riesgo que una columna correcta en la que no has corrido riesgo alguno.

El reportaje es otra cosa, es una pasión que tiene mucho que ver con el cuento: un buen reportaje lo primero que tiene que ser es un buen cuento, un buen relato. Relato viene de relación, es decir, tiene que ser un espacio donde relaciones bien los hechos que has visto o las cosas que has vivido. Y en ese sentido, las diferencias entre un cuento y un reportaje son cero, excepto que en el reportaje tú no puedes inventar nada. Por eso hay casos en los que la frontera entre reportaje y relato está absolutamente borrada.


T.: ¿Cómo ve la situación actual del periodismo?

J.J.M.: En España tradicionalmente se ha hecho un buen periodismo. Cuando hablamos de periodismo cometemos el error de pensar en los cuatro o cinco periódicos de tirada nacional cuando aquí se ha hecho un excelente periodismo local. Creo que el periodismo ahora está en un momento frontera, un momento lleno de peligros, el periodismo bueno es caro, las empresas están apretando las tuercas y luego también tiene que haber una defensa del texto.

Hay muchas revistas que tienen miedo al texto, que llaman reportaje a una cosa de tres folios y algo de tres folios no puede ser un reportaje sino otra cosa. Tienen miedo a reportajes de veinte o treinta folios, que son los que, en cierto modo han hecho la historia del periodismo.

T.: ¿Piensa que, como vaticinan algunos, el periódico impreso acabará desapareciendo?

J.J.M.: Es evidente que el periódico de papel no va a ir a más, se tendrá que transformar, pero no creo que se vaya a acabar de hoy para mañana, quizá decrezca, pero lo que es seguro es que tendrá que modificarse. Además de los datos, el periódico debe ofrecer información, debe articular los datos, ponerlos al servicio del sentido para justificar el euro y pico que cuesta. Dicho esto, es evidente que internet crecerá, que llegará un momento en el que leeremos los periódicos por internet y ahí lo que cambia es el soporte pero no el contenido.

El soporte es verdad que afecta al contenido pero creo que en cuestiones menores. El gran reportaje tendrá que existir y en este caso irá acompañado de un vídeo. Me interesan mucho esos reportajes que tienen la capacidad para funcionar como texto e imagen. Indudablemente, es el futuro del periodismo.

T.: ¿Cree que el escritor debe mostrar su compromiso con la realidad social y política que le rodea?

J.J.M.: Depende, hay situaciones en las que uno se siente obligado a hacerlo pero eso depende mucho de la propia personalidad y del contexto en el que se viva. Hay momentos históricos en los que es una indecencia no manifestar ese compromiso.

T.: ¿Por qué siguen siendo criticadas las manifestaciones públicas sobre política efectuadas por escritores y artistas?

J.J.M.: Porque se confunde la neutralidad con la independencia y no son lo mismo. Para ser independiente tienes que tener una solidez económica y moral muy fuerte. Creo que hay multitud de malentendidos, también provocados un poco por la situación de la prensa en España, que es una prensa muy de trincheras. A mí me parecen absurdas ciertas situaciones a las que se ha llegado. Creo que eso no es bueno pero es el resultado de que somos una democracia todavía muy joven.

T.: Con su novela ‘El Mundo’ recibió el Premio Planeta y el Nacional de Narrativa. ¿Qué importancia tiene para un escritor este tipo de reconocimientos?

Nunca he sido beligerante en relación a los premios porque siempre he dicho que tienen una ventaja enorme y es que no es obligatorio presentarse a ellos. Si uno no quiere ganarlos, con no presentarse lo tiene arreglado. A mí me han ayudado mucho todos los premios que he ganado, el primero me ayudó a publicar una novela en un momento en el que era realmente imposible publicar si no habías ganado un premio.

También he agradecido mucho los premios de periodismo, el Francisco Cerecedo, que es un premio de enorme prestigio, o el Mariano de Cavia porque los premios de periodismo te devuelven un poco de lo que haces. En periodismo tenemos muy pocas referencias de lo que hacemos, de manera que este tipo de galardones son un poco la respuesta a ese trabajo y uno se dice “bueno, quizás no lo estoy haciendo tan mal”.

T.: En 2001, ‘La soledad era esto’ fue adaptada al cine con resultados un tanto desiguales. ¿Cómo ha sido su relación con el cine?

J.J.M.: Con el cine las relaciones han sido complicadas, fundamentalmente por un malentendido. Cuando alguien lee una novela mía lo primero que dice es “aquí hay un guión de cine”. Da la impresión de que el guión está prácticamente hecho, que hay que trabajar muy poco. Pero es una impresión falsa porque luego, cuando uno se pone a trabajar en el guión, comprueba que es muy difícil trasladar a imágenes todo el mundo interior que se da en mis novelas.

T.: ¿En qué ha cambiado la vida a Juan José Millás?

J.J.M.: Me he hecho mayor, he cambiado como cambian los seres humanos a lo largo de los años. Pero lo llamamos cambio quizás de manera incorrecta: he continuado la construcción de mi subjetividad, del yo, de mi personalidad. La identidad es una construcción que no acaba nunca. Las bases se sientan en la infancia pero también es verdad que uno puede modificar, si no lo que sucedió, sí tu relación con aquello que sucedió.



Vuestros comentarios...

4. Publicado 23-01-10 · 16:06h
xurri dice dice:

eres wapoooooooo jajaja

3. Publicado 23-01-10 · 16:04h
paula montoya dice:

obra de Millás prefieres? soln las obras mas bonitas de el mundo jajajaja Encuesta 'El mundo' 'La soledad era esto' 'El desorden de tu nombre' Prefiero otra de sus obras 'El mu

2. Publicado 03-07-09 · 10:11h
Daniel Pérez dice:

Me gustaba mucho juanjo Millas pero desde que ganó el planeta se le ha subido a la cabez y todas sus opiniones son dogmas de fe, que parecen estar por encima del bien y del mal. Una pena

1. Publicado 02-07-09 · 16:33h
brutoxx dice:

soltad la adrenalina zurrándonos aquí!! http://chinjuan.elbruto.es No hace falta registros ni nada y en un segundo estareis soltando mamporros!!!

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