De naturaleza curiosa e inquieta,
Juan José Millás es un escritor que se lleva muy bien con las nuevas tecnologías. Ahora está involucrado en un proyecto en el que
el teléfono móvil se convierte en el medio para hacer llegar sus textos.
Según el autor de
‘El desorden de tu nombre’, se ha hecho “una selección de algo que desde hace años llevamos llamando
‘articuentos’, que son un híbrido entre el artículo periodístico y el cuento.
A veces están escritos formalmente como un artículo pero el contenido es el de un cuento y a veces están escritos como un cuento pero el contenido es más periodístico”. Una de las virtudes de estos microrrelatos es que son “muy atractivos, muy rápidos, son como disparos. Tienen como treinta o cuarenta líneas y se leen muy fácil en un móvil”.
Anque se trata de una propuesta novedosa, Millás confía en que se convierta en un modo para que los escritores vayan “colonizando también estos soportes nuevos, a los que es un error no mirar o mirar mal”. Estos microrrelatos o ‘articuentos’ deben ser textos “que
conecten directamente con el lector, es decir, que
lo atrapen por el cuello en las dos primeras líneas y no lo dejen escapar”.
Los temas de estos relatos serán asuntos “muy relacionados con la
vida cotidiana pero al mismo tiempo mirados de tal manera que
nos parezcan raros, es decir, deben ser asuntos familiares pero tratados de tal manera que el lector se desfamiliarice de ellos”.
Millás confiesa que
las nuevas tecnologías siempre le han llamado la atención, que siempre ha sentido curiosidad por ellas: “Creo que fui uno de los primeros teletrabajadores de España, puesto que desde hace mucho tiempo yo he enviado desde casa mis artículos; empecé con el fax, ahora a través del correo electrónico y siempre me han gustado mucho saber por dónde van las cosas”.
En un momento en el que los nuevos soportes plantean un horizonte tan apasionante como incierto, el escritor afirma que cada avance tecnológico ha modificado la manera de escribir: “Las herramientas siempre han cambiado, siempre han influido en el contenido, es decir, no se podía hacer un monólogo interior cuando se escribía en una piedra con un cincel”.
Pero está seguro de que
los cambios que se producen sólo se pueden ver a largo plazo: “Es imposible saber cómo el ordenador ha cambiado la escritura en tan poco tiempo porque no tenemos perspectiva para verlo”. También confía en que “en un mundo como el de los
teléfonos móviles, si queremos publicar textos que lleguen al lector tienen que ser breves. Por lo tanto, todo esto va a contribuir a que aparezca un tipo de literatura mucho más fragmentada que aquella a la que estamos acostumbrados”.