- Usted y su SGAE son una caja de sorpresas, ahora se les ponen enfrente las peluquerías.
Bueno, bueno, eso de las peluquerías en general... ¿Cuántas peluquerías hay en Barcelona, en Gerona, cuántas hay en España?, ¿cuántas se niegan a pagar el canon?
- No las he contado ni, sinceramente, pienso hacerlo, pero las pocas o muchas que se han rebelado contra ese canon musical han conectado muy bien con la opinión pública.
Pues si usted es de esos periodistas que no manejan datos sino sensaciones, no va a estar a la altura de mis argumentos. No sé cómo puede salir esta entrevista.
- Se le nota que tiene poderío, señor Bautista, pero dejemos para otra ocasión mi técnica periodística. Le pregunto sobre un hecho concreto, no sobre una entelequia: cobran a las emisoras de radio derechos de autor por la música que emiten y vuelven a cobrarlos a las peluquerías que sintonizan sus receptores a esas emisoras.
Un momento, un momento. No cobramos dos veces por el mismo concepto. A las emisoras les cobramos por emitir una música con la que consiguen una audiencia y eso les permite ingresos publicitarios. Hacen negocio. A las peluquerías, por ambientar con esa música sus locales donde ejercen una labor mercantil. Otro negocio.
- Sin ánimo de molestar, esa explicación me parece algo falaz. ¿Y la peluquería que tiene sintonizada, por ejemplo, Radio 1 o Radio 5, de RNE, que ni tienen publicidad, también paga?
Si emiten alguna obra bajo amparo de la Sociedad General de Autores y Editores, por supuesto. También le digo que muy pocas veces ambientan los locales con Radio Nacional, hay peluquerías con más horas de música que una discoteca.
- Pero hombre, qué exigentes son ustedes. Somos millones, y no solo taxistas, quienes ponemos la radio mientras trabajamos, mi dentista, sin ir más lejos, tiene una suavísima ambientación musical en la consulta.
¿Pero qué clase de ejemplos me pone usted? Al dentista o a la peluquería se va a lo que se va, y no a escuchar música.
- Le noto algo exaltado, ¿será por el dictamen de la Comisión Nacional de la Competencia que califica de monopolios las gestoras de derechos?
Je, je. Mire cómo tiemblo con ese informe, no vinculante por cierto, que ha salido de un organismo político como esa Comisión. ¿Qué pasa, quieren despojar a los autores de lo poco que tienen? Como decíamos de jóvenes, me río de janeiro.
- Lo que pasa es que la SGAE lleva 110 años registrando y amparando todo lo que se mueve y no admite competencia.
Otra vez con la demagogia. Frente a esas acusaciones yo digo que en la Sociedad de Autores y Editores custodiamos los derechos de un repertorio de más de tres millones de obras de 90.000 creadores en todo el mundo. Estamos presentes hasta en Estados Unidos y Japón. A ver quién es el guapo que compite a ese nivel.
- Si no le discuto el nivel, sólo señalo que actúan desde una cierta prepotencia hasta que con la rebelión de los internautas por la prohibición de las descargas les ha salido la criada respondona.
Lo de las descargas es lo que dice la ley, y punto. Otra cosa es que el Gobierno regule ese control de la Red con más o menos acierto. Pero estoy harto de estereotipos y lo digo claramente: ni la SGAE es el lobo feroz ni los internautas son unas caperucitas.
- Eso que acaba de decir no sé si les hará gracia a usuarios de internet como los lectores de esta entrevista en Terra.
Me gusta hablar con metáforas, je, je. Y el que no las entienda pues... Pero me niego a ser el malo de la película en esta polémica de las descargas. Establecer un canon es proteger un derecho y se abona voluntariamente, porque un ratón en manos de un pirata digital es una navaja al cuello de un creador...
- Caramba con las metáforas, lo está usted arreglando...
Lo que quiero decir es que el atracador es quien se baja una obra gratis y sin permiso para después beneficiarse de ella.
- Será mejor dejar el lenguaje simbólico. Cambio a un tema más prosaico. Se ha publicado que la SGAE ha crecido tanto y se ha metido en tantos gastos e inversiones patrimoniales, que puede estar al borde del precipicio económico.
Pues otra vez me río de janeiro. Desde que conseguí levantar esta institución del ostracismo, no he parado de recibir ataques y campañas injuriosas y envidiosas. Aquí todo es transparencia y si me perpetúo en el cargo es porque los propietarios de esta sociedad gestora, que son sus socios los autores, así lo quieren.
- Pues si no tiene abuela, no hay más que hablar.
Pues eso, como alguien ha dicho, si no existiera la SGAE habría que inventarla. Ande, si se atreve transmita eso a sus lectores de Terra.