- ¡Vaya golpe de efecto su aparición en la gala de los Goya! La prensa es unánime al señalar que Pedro Almodóvar se ha reconciliado con la Academia del Cine.
Je je, yo comprobaría primero si la Academia se ha reconciliado con Pedro.
- Más que una respuesta eso parece un jarro de agua fría sobre el impacto de su presencia en el escenario el domingo.
Es que yo tengo una trayectoria profesional muy intensa y me joroba que siempre me pregunten por una cuestión anecdótica, como es mi relación con la Academia del Cine.
- Me entra la duda de si hizo la entrega de la estatuilla por mejor película a Celda 211 de buen grado o fue a contrapelo.
No hombre no, después de haber sido tan galardonado no se me caen los anillos por entregar un Goya. El mes que viene, sin ir más lejos, entregaré en la ceremonia de los Oscar el premio a la mejor película extranjera.
- Entonces, ¿por qué ese retintín en sus respuestas?
Es que digo lo que pienso. Ahora bien, con mi aportación a la gala de los Goya –donde, por cierto, estaba nominado y no me premiaron- he demostrado que soy exigente y coherente pero no un borde como algunos me quieren dibujar.
- ¿Al menos puedo recoger en esta entrevista virtual algunas palabras suyas de elogio o reconocimiento a la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas?
Pues claro que sí, porque la Academia española está llena de buenísimos profesionales, del mismo modo que la Academia de Hollywood, que es la que me premia, está llena de estrellas.
- Desde luego, es usted genio y figura.
Simplemente soy manchego.
- Manchego universal, hay quien apunta que Pedro Almodóvar cada vez es más empresario y menos artista.
Esa distinción no se corresponde con mi trayectoria. Yo procuro ser un cineasta completo, no solamente dirijo, también escribo mis guiones y tengo la productora con mi hermano Agustín.
- Su popularidad le ha venido, entre otras cosas, por la atención prestada en su cine, digamos, que a la típica maruja. Pero en ‘Los abrazos rotos’ se aleja de ese mundo y eso ha tenido efecto negativo en taquilla.
Me trabajo el mundo de las marujas porque siempre lo he tenido cerca, me siento próximo a ellas y me parecen unos seres de la mayor consideración. Ahora bien, yo hago obras cinematográficas no clono películas y con los años que llevo detrás de la cámara puedo afirmar que ‘Los abrazos rotos’ es una obra maestra.
- No le sobra a usted la virtud de la modestia.
Je, je, tienes razón. Tampoco me sobra el vicio de la soberbia.
- Cambiando el plano, ¿se considera el cineasta español más comprometido políticamente?
Desde luego soy cineasta y comprometido, empiezo a dudar si soy español.
- ¿Y eso?
Te sientes de donde eres querido. A mí me quieren en Calzada de Calatrava, por eso presumo de manchego. Me quieren en Los Ángeles y en Nueva York y en París, pero aquí...
- ¿Lo dice por quienes le afean formar parte del clan de la ceja?
Yo haré el signo de la ceja cuando me salga de los mismísimos.
- Vale, vale, quería indagar sobre su sensación de no sentirse admirado en su propia tierra. Imagino que se refiere a la prensa conservadora que le incluye entre los que llama titiriteros a favor de Zapatero.
Esos son unos mierdas, así con todas las letras. Siempre he dicho que queda mucho franquismo residual. Mira, mira, lo que están haciendo con Garzón por investigar crímenes del franquismo.
- Pero a ese juez no lo empapelan por eso sino por desobedecer instrucciones de sus superiores respecto a un sumario.
Nada, nada, que en la judicatura quedan fachas que hacen caso a una denuncia de Falange, ¡en estos tiempos! Pero no quiero hablar ahora de política.