- ¿Ante quién estoy al hacer esta entrevista?
Pues me parece que está muy claro ¿o acaso paso desapercibido con mi corpulencia y mi aspecto? ¡Jo, jo, jooo!
- Me refería a otra cosa y, por favor, no empiece con la dichosa risotada desde la primera respuesta. Quiero decir que no sé si es usted una figura que pertenece a la historia o a la mitología moderna.
Vaya, vaya, no me esperaba un interrogatorio de esas características, normalmente me hacen preguntas más sencillitas. Le voy a contestar con la simpleza que me caracteriza porque yo, amigo mío, además de tierno soy algo simple.
- En eso se diferencia de la otra gran figura con la que compite en la fiesta de Navidad, el Niño Jesús nacido en Belén.
Desde luego que la divina criatura es de todo menos simple, pero prefiero no entrar en esas cuestiones.
- Pues su identidad resulta bastante compleja, a primera vista. No sé si llamarle Santa Claus, Papa Noel, San Nicolás o el viejo de la puerta del Carrefour.
Eso último no quiero darlo por oído, porque si usted no me adora al menos debe respetarme siquiera sea en atención a mi edad.
- Pero, insisto, ¿con quién estoy hablando?
Pues muy sencillo, hijo. Yo soy el personaje más global y más multicultural de la Tierra. Vengo de una leyenda, sí, pero en la que se mezclan personajes reales e imaginarios. Digamos que el resultado es este Papa Noël tan solicitado en Europa, en América y en una pequeña parte de Oceanía y de Asia.
- El Niño Dios es, si me permite, aún más multicultural que usted pero no por eso tiene varios nombres.
Ah, bueno, lo de los nombres. Eso es algo divertido, ¡jo, jo, jooo! Como decía, en mis orígenes hay una persona de carne y hueso, el obispo cristiano Nicolás, que vivió en el siglo IV y obsequiaba a los necesitados. Después fue elevado a la categoría de santo y sus reliquias reposan en Bari, Italia, por eso también se le conoce como San Nicolás de Bari.
- ¿Pero ese no es el santo al que la Iglesia católica encomienda la administración de sus finanzas?
Bueno, bueno, eso nada tiene que ver conmigo. La veneración a San Nicolás se unió con la leyenda del huérfano Nikolas, en Laponia, que hacía juguetes de madera y a la vez con la figura holandesa de Santa Claus. En ese cóctel de identidades hay una guinda francesa que da el resultado final de Papa Noël, o sea, “Papá Navidad” pero en francés.
- No lo entiendo muy bien, pero es igual. Una última curiosidad sobre sus raíces: he leído que en realidad la representación de Papa Noel, tan orondo y con esos llamativos colores rojo y blanco, responde a un diseño de la Coca Cola para una campaña promocional de hace 70 u 80 años.
Yo también sufro mi propia leyenda negra, sobre todo por parte de algunos católicos europeos que me consideran enemigo de sus tradiciones. ¿Yo, un producto de diseño, de la Coca Cola? Eso es falso, ni siquiera que mi look sea obra de esa firma. Déjeme que me ría, ¡jo, jo, jooo!
- Llevo contabilizadas tres risotadas. Sigamos con esa alusión que ha hecho a sus enemigos en países católicos. No me negará que en países como España o Austria usted ha desplazado, por no decir liquidado, la figura del Niño Jesús en el pesebre.
Otra falsedad, casi una ignominia. ¿Cómo San Nicolás o Santa Claus van a rivalizar con la figura central de la Natividad? Papa Noël la comparte y alegra esa festividad obsequiando a grandes y pequeños.
- Bueno, algo de suplantación no me negará que hay. Pero, sobre todo, usted es visto como un ventajista porque en el calendario se adelanta en dos semanas a la llegada de los Reyes Magos cargados de regalos.
Repito que yo no he provocado nada. Las tradiciones y el curso de la historia han hecho que desde hace un par de siglos por estas fechas me descuelgue con mi saco por las chimeneas. Tengo un gran respeto por Sus Majestades de Oriente, pero el mercado es el mercado y si a los comerciantes les viene mejor Papa Noël que los Reyes, ¿qué quiere que le haga?
- Para ser usted un simple, como se autodefine, le tiene bien cogido el punto al merchandising. Pues nada, a ver si este año se acuerda de mí.
Yo me acuerdo de quien se acuerda de mí, ¡jo, jo, jooo!